Del Toro explicó que los cambios consisten en el establecimiento del respaldo contable para definir ese indicador macroeconómico, e incorporarlo como un estado financiero que deben realizar todas las unidades empresariales del país.

Con este paso se busca que sea la contabilidad y sus mecanismos de registros los que permitan hacer mucho más transparente el método de calcular el valor agregado bruto, precisó.   

Dijo que los empresarios ya conocen esas reglas, pues trabajaron con ellas para la confección del plan del 2016, en aras de obtener coherencia entre los procesos de producción planificados y las nuevas normas.

El funcionario del MFP destacó que la fórmula establece elementos necesarios en el cálculo del valor agregado bruto; por ejemplo, tener identificado cuál es el consumo intermedio, lo que generalmente resulta producción de otras entidades, como el consumo material y servicios asociados a terceros.

Significó que a partir de la aprobación en 2015 del reglamento de la actividad inversionista, otro componente que ahora se requiere observar es el de las inversiones y las reparaciones capitales con medios propios, al ser operaciones que agregan nuevos factores a la producción final dentro de la organización.

Del Toro refirió que también se hace necesario identificar claramente el proceso de producción, en aras de que el valor asumido como rendimiento total de la entidad sea lo más coherente posible. 

Como parte de la actualización del modelo cubano, una de las facultades otorgadas al sistema empresarial constituye la aprobación del pago a los trabajadores sin límites administrativos, pues solo lo condicionan fórmulas de naturaleza financiera y económica, según los resultados de la entidad.

Regulada por la Resolución 17 del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, tal medida pone énfasis en el gasto de salario por peso de valor agregado bruto, de ahí la importancia de clarificar el cálculo de ese indicador macroeconómico, puntualizó el especialista del MFP. 

 {flike} {plusone} {ttweet}