Profesionales cubanos marcharán en peregrinación hacia la tumba de Finlay en la necrópolis Colón y depositarán una ofrenda floral en memoria del hombre que elaboró un plan antivector como única vía de solución para erradicar esa enfermedad en el siglo XIX.

Especialistas del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA) informaron también que el acto de evocación forma parte de las actividades por el centenario de la muerte del ilustre camagüeyano en La Habana el 19 de agosto de 1915.

Aunque figuró entre los seis microbiólogos más célebres de la historia, todavía no se sabe con exactitud las razones por las Finlay nunca recibió el Premio Nobel que concede en varias especialidades la Real Academia Sueca de Ciencias y otras instituciones. Esto último ocurrió a pesar a ser propuesto en siete ocasiones durante el período de 1905 a 1915.

Sin embargo, en 1975 la UNESCO lo incluyó entre los expertos más destacados de la historia en esa disciplina, junto a Anton van Leeuwenhoek (Holanda,1632 -1723), fabricante de microscopios, y Louis Pasteur (Francia, 1822-1895), autor de la técnica conocida por pasteurización.

La lista la integró también Heinrich Hermann Robert Koch (Alemania, 1843-1910), descubridor del bacilo de la tuberculosis; y a Ilya Ilyich Mechnikov (Ucrania, 1845-1916), quien formuló la teoría sobre la capacidad del cuerpo humano para resistir y vencer las enfermedades infecciosas y estudios relacionados con la sífilis.

Por último, contempló también a Alexander Fleming (Escocia, 1881–1955), el primero en observar los efectos antibióticos de la penicilina.

Solo seis años después, el 25 de mayo de 1981, la UNESCO adjudicó, por primera vez, el Premio Internacional que lleva su nombre, en aras de reconocer avances en la Microbiología.   

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