LA HABANA.- Hoy, cuando el calentamiento global deja ver sus estragos en los principales ecosistemas coralinos del planeta, la buena salud de los arrecifes cubanos es una señal de aliento para el Caribe.

El blanqueamiento es un fenómeno asociado al cambio climático que últimamente ha afectado con dureza a la Gran Barrera Coralina de Australia y a los arrecifes del Golfo de México.

Según fuentes especializadas, los blanqueos de corales consecutivos en 2016 y 2017 dañaron unos mil 500 kilómetros de la Gran Barrera, dos tercios del total de ese emplazamiento, declarado Patrimonio de la Humanidad.

Para empeorar el panorama futuro, un estudio publicado por la revista Nature vaticinó que en menos de 40 años el 70 % de los arrecifes de zonas profundas podrían estar en aguas corrosivas a causa de la acidificación de los océanos.

De acuerdo con los autores, el aumento del dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera provoca una serie de cambios en la química marina (acidificación) que se manifiestan no solo como un descenso del pH de las aguas, sino mediante un conjunto de efectos químicos asociados.

Uno de esos cambios es la reducción de las concentraciones de los iones carbonato, esenciales para la vida de los arrecifes que viven a más de 3 000 metros de profundidad.

Los autores lamentaron que incluso aunque la humanidad logre el objetivo fijado en la Cumbre de París de no superar los dos grados centígrados de calentamiento global, los corales se verán afectados.

CUBA: UN ARCHIPIÉLAGO AISLADO

Según el director del Centro Nacional de Áreas Protegidas (CNAP) de la Mayor de las Antillas, Carlos Alberto Díaz, los corales que circundan al país están saludables.

"Hay muy poco blanqueamiento en locaciones específicas, las cuales ya están reportadas y son vigiladas", indicó.

De hecho, una expedición científica realizada por expertos de la isla caribeña y de Estados Unidos, confirmó su afirmación y la existencia de más de 130 especies de peces y 260 de esponjas poblando las zonas costeras.

El viaje durante más de veinte días entre los meses de mayo y junio de 2017, que abarcó mil 430 millas náuticas, permitió observar la distribución de las comunidades de arrecifes mesofóticos -ecosistemas que dependen de la luz- a una profundidad de entre 30 y 200 metros, comparar su salud y conexión con otros en el sudeste norteamericano y el Golfo de México.

Según el directivo del CNAP, dada la profundidad de los arrecifes mesofóticos cubanos, estos ecosistemas no sufren tanto el impacto del aumento de la temperatura marina y la acidificación de las aguas, factores de riesgo que potencian el blanqueamiento o muerte coralina.

"La salud de nuestros corales tiene mucho que ver con el manejo apropiado de la tierra, la práctica de la agricultura orgánica y el uso controlado y eficiente de los fertilizantes, entre otras estrategias a nivel nacional", señaló.

Ello se debe a que lo echado en la tierra llega al río y sigue su camino hacia el mar, dejando un trayecto de afecciones ambientales, indicó Díaz.

El funcionario confirmó que el CNAP continúa monitoreando los arrecifes y preparando estrategias para que sean resilientes ante la amenaza del cambio climático y el calentamiento global.

Además, confirmó que las 211 áreas protegidas en Cuba representan el 20, 2 % del territorio nacional, incluyendo la plataforma insular marina hasta una profundidad de 200 metros.

"Estimamos que el Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SNAP), con sus más de 6 000 trabajadores dispersos por el país, administre cerca del 17 %  de la parte terrestre y 25 %  de la plataforma marina", subrayó.

AL RESCATE DE LOS CORALES

Concretamente en la protección de los corales, Cuba impulsa varios proyectos novedosos, circunscritos al Plan de Estado para el enfrentamiento al cambio climático: Tarea Vida.

Desde enero comenzó un estudio sobre los arrecifes coralinos en el Parque Nacional Jardines de la Reina, para lograr un manejo sostenible de los ecosistemas costeros y dar respuesta al cambio climático.

La investigadora principal del proyecto, Leslie Hernández, declaró a la prensa nacional que el equipo analiza los corales y octocorales, debido a su importancia como reguladores de la salud del planeta, aunque aún se desconoce su respuesta ante eventos meteorológicos.

Las acciones abarcan también la caracterización de los sitios de buceo, evaluación de los hábitats marinos y de la comunidad de corales pétreos.

Hernández destacó que esas pesquisas ayudan a perfeccionar las funciones de conservación de los entornos en los cayos del sur cubano.

Jardines de la Reina es un grupo de islotes situado en el litoral sur las provincias de Ciego de Ávila y Camagüey, considerado la mayor reserva marina del Caribe y ahí habitan las crestas de arrecifes más grandes del país.

Su aislamiento geográfico debido a su lejanía de los núcleos poblacionales y a que su única vía de acceso es la marítima, también lo convierten en el archipiélago más virgen del Caribe.

Al otro extremo de Cuba se desarrolla otra de las acciones más ambiciosas para la protección y rescate de los arrecifes.

En la península de Guanahacabibes, el punto más occidental en la isla situado en la provincia Pinar del Río, se creó el primer vivero del país para la siembra de corales.

Ese proyecto aspira a rescatar la especie Acroporacervicornis, en peligro crítico, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.

Conocido comúnmente como cuerno de ciervo, ese coral estaba ampliamente distribuido en toda la región costera del Caribe y era considerado uno de los principales formadores de arrecifes.

Sin embargo, desde la década de 1980 presenta serias afectaciones asociadas a enfermedades y a otros elementos de riesgo como la contaminación, la sobrepesca, el buceo, y la proliferación de especies invasoras.

Con estas y otras acciones en proyecto, es notable que Cuba no se ha quedado de brazos cruzados ante la inminente amenaza del cambio climático para sus ecosistemas submarinos.

Las acciones que adopte la isla ahora serán su garantía para el futuro, pues el mundo no da indicios de cambiar ni de darle la espalda a las emisiones de CO2 mientras los dólares las respalden.