(VIDEO) Filman largometraje de ficción en Santa Cruz del Sur

Del lado irreal del lente, Tomás y su hijo Berto comen pescado frito sin hablar. Un Tomás rústico, como la hamaca que le sostiene, y un Bertico feliz y despreocupado como el columpio que cederá a su madre, segundos después, cuando entre en escena a complicarlo todo.

Acá, en la realidad convulsa del rodaje, un montón de gente orbita nerviosa sobre los detalles de las tomas finales. A dos años de haber viajado a La Habana en papeles, a tocar las puertas de la Casa Productora de dramatizados y telenovelas del ICRT, La hoja... emerge como largometraje de ficción en medio de la aridez cinematográfica de la Cuba no capitalina, y sus imágenes vírgenes comienzan a asomar una historia de amor y desolaciones, de desgarros familiares y crianzas disfuncionales, de migraciones y regresos.

De vivencia a relato literario, a cuento radial... a guión para cine

Tomás es un pescador del sur de Cuba, con mujer e hijo y hogar en apariencia estable hasta que ella- cansada de la sumisión doméstica y las carestías económicas- se monta en una lancha, sin previo aviso, y abandona país y familia con su amante. Bertico, de diez años, queda entonces al cuidado del padre, un hombre rudo y desentendido de la casa y la crianza, que ama profundamente a su hijo pero no tiene ni remota idea de cómo demostrárselo o, sencillamente, de cómo ocuparse de él y sus necesidades. En medio del ensayo y la frecuencia del error, del amparo turbio del alcohol y la impotencia del golpe, de relaciones cada vez más tensas y la consecuente afectación en la conducta del niño, aparece Elena, la joven maestra llevada al pueblo por su servicio social que compensará la ausencia de la figura materna y ayudará a componer los desgarros familiares. Solo que Fidencia, la madre fugitiva, retorna a escena para dinamitar el débil equilibrio logrado por la profe, y entonces...

Este argumento, el que ha sido definitivamente rodado hasta el pasado miércoles en Santa Cruz del Sur, esconde una sorprendente historia propia.

Pavel Alejandro Barrios Sosa, el guionista estrenado en "redacción filmográfica", rememora la tarde del 2009 en que su esposa Sandra Elena le relató una experiencia como médico rural, durante el servicio social en Sao Ciruelo, a las afueras de Camagüey.

Allí conoció a un pequeño que convivía solo con su padre y que reaccionaba de manera extraña a las visitas de ella, como si se sintiese invadido por la excepcionalidad de una figura femenina en casa. Luego de lograr acercamientos, llegó la hora de Sandra regresar a su ciudad natal y el niño, abandonado nuevamente a la masculina soledad de su morada, llegó a amenazar de muerte a la doctora. La frase aquella: "te voy a matar", saltó como un resorte en la mente de Pavel, al punto que tuvo que dejar a su mujer con la palabra en la boca para ir corriendo a escribir. Del chispazo de una vivencia extraña y de la propia sublimación de sus remembranzas infantiles, marcada por una crianza de tintes machistas, sacó el sustrato de realidad que dio vida a La hoja de la Caleta.

"Yo no sé cuántas versiones tenga por ahí de ese texto.- asegura Barrios- Nació la tarde de mi esposa, como un cuento literario; en 2011, a raíz de un curso que pasé para hacer guiones radiales, se convirtió en Yo no tengo miedo, un dramatizado que transmitió Radio Cadena Agramonte. Y otra tarde de esas que uno recuerda como históricas, se lo di a escuchar en la sala de mi casa a Jorge Campanería Peña, director de audiovisuales y gran amigo. Campanería terminó llorando y me dijo qué va, eso no se puede quedar allí. Fue entonces que empezamos juntos a soñar en llevarlo a la televisión."

Varios viajes de ida y regreso dio La hoja... al ICRT, y mientras de La Habana mandaban a decir "llévenlo a teleplay" y luego "tiren para hora y media, que será largomentraje", ya Campanería, un taimado de los medios y sus dinámicas, tenía nuevamente convencida a su madrina audiovisual, la increíble Mirtha González Perera de Cuando el agua regresa a la tierra, para que codirigiese con él esta locura.

Para el co-director, la anécdota de una tarde en pareja terminó siendo, entre tantas cosas: "una oportunidad para hablar de la familia cubana, de lo que nos duele a la gente de esta Isla, de las separaciones y sus consecuencias, de la educación de nuestros hijos; un pretexto para hacer coincidir de nuevo esa triada insuperable que conformo con mi productor Oigrés Suárez y con esa dama de la televisión cubana de todos los tiempos que es Mirtha, a quien tanto le debo y le debe el país, a quien quise rendir homenaje con este trabajo y de quien aprendo en cada minuto compartido; y la posibilidad de traer una nueva película a Camagüey, a los actores y técnicos de mi provincia y mi telecentro, a gente con talento que merece oportunidades para probarse, y a una ciudad como Santa Cruz, que muestre desde la frescura de su imagen que Cuba no nace y muere en el Vedado".

La gente y los sueños que laten en el proyecto

Hormigueando por la casa de tablones color ¿mandarina? que se le alquiló al "Pega" y su esposa Marbelis para los menesteres de la producción, hay otros tantos que, de preguntarles, podrían apuntar nuevos significados a la realización de este filme. Para los 20 pequeños artistas del grupo teatral sureño Abracadabra que dirige el profe-instructor de arte Michel Rodríguez Rosabal, La hoja... es un regalo, un increíble, un trampolín. Ellos, hijos de pescadores, serán vistos en un futuro en la gran pantalla nacional gracias a esta peli.

Carlos Denis Fernández Menéndez, que se puso "alegrísimo" cuando lo seleccionaron en el casting del cine del pueblo para hacer de Berto, ahora suspira aliviado y me dice un "uff, ya estamos terminando" que da risa. Pero luego de hablar con orgullo de su profe Michel y de Mirtha, pone cara seria y va y suelta: "uno cree que tiene ganas de terminar, pero se va a extrañar cantidad".

El profe Michel, que no se ha perdido ni un día de rodaje, me explica muerto de la risa por qué Carlos Denis no para de dar brincos y de tropezar con todo en los recesos entre "corten" y "acción". "El problema es que un día escuchó que a los niños que hacen papeles como el de él pueden luego quedarle traumas, y dice que jugando se entretiene para no traumatizarse".

Cerca de él merienda por tercera vez y contra toda prescripción médica Manuel Porto, el Venturita de Cuando el agua... que desde aquella vez de los pantanos no trabajaba con Mirtha y vino a hacer un sencillo chofer secundario "porque si hay alguien en este mundo a quien no puedo decirle que no, es a Mirtha, y porque creo que con buen guión y buen director, no hay personaje pequeño". Como él, vino Irela Bravo, la de Entre tú y yo, a encarnar a una vecina entrometida; y también esta muchacha de la novela de modelos, Yoandra Suárez, que actúa a la Fidenza en sus ires y venires.

Si uno se fija, los protagónicos- exceptuando a Fidenza- los hacen camagüeyanos: el pequeños Carlos Denis y dos actores del Conjunto Dramático Nino Moncada, de Radio Cadena Agramonte, Yoandy Aballe Sosa (Tomás) y Lianet Pacheco Romero (Elena).

Lianet, con la experiencia de dos años en Teatro del Viento y apenas par de cortos y un papel secundario en Pablo de referente en el audiovisual, tuvo que controlarse el tremendismo de las tablas que le corre por las venas, y meterse en la escuelita de Santa Cruz como un mes antes, para que los peques aprendieran a verla como la maestra. Luego era ella en el set la que imponía el orden infantil.

Para Yoandy fue más difícil; esta ha sido su primera experiencia frente a cámaras y tuvo que volver al vicio del cigarro porque el Tomás de la historia vive fumando tabacos, y en las escenas de mucho repetir, terminaba mareado con tanto humo. "Para mí este personaje fue un bofetón desde el principio, es muy redondo, muy lleno de matices. Disfruté mucho haciéndolo, y qué decirte, vivir la experiencia, estar sentado aquí al lado de Porto, eso me parece increíble".

Porto los mira serio a los dos y me dice "son muy buenos, ¡muy buenos!, y al instructor de los niños, a ese me lo llevo para Korimakao". Y de repente Santa Cruz comienza a nublarse como si se fuera a acabar el mundo, y el mar que por la mañana era un plato se encrespa como si supiera que ya se filma la escena final, que Bertico le da un abrazo a Tomás, y que... que la gente en el set se besa, se despide, se tira fotos.

Pavel Alejandro me revela en el cierre que a lo mejor la peli termine llamándose Cruces del Sur o Salitre; y yo no puedo evitar que el último nombre me remita a Conducta.

- ¿No les preocupa que la gente los vea como una repetición de Pablo o del filme de Daranas?

- "Chica, en la Hoja de la Caleta la educación y el maltrato familiar son parte de la trama, pero hay muchos otros temas como la migración, el matrimonio, los prejuicios de género, en fin. Yo creo que a los que debe preocuparles que en menos de dos años tres películas cubanas estén rozando estos dos temas relativos a la infancia es a los sociólogos y a todos en general, como entes sociales. Habría que ver qué está sucediendo en nuestras aulas y detrás de las puertas de nuestras casas, para que esos temas estén emergiendo así, tan recurrentemente. Al final, mi única preocupación real es que al menos una persona, cuando vea nuestro trabajo final, se sienta tocado, movido, sensibilizado. Si eso ocurre, creo que todos nos damos por satisfechos".

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