Pero después se maldijo, y maldijo a la gente de macabros consejos. Por eso cada día le repite que lo ama. Desde el diagnóstico de autismo moderado ha cambiado la vida de los dos. Hugo cumplió siete años y ahora en él hay más progresos, en vez de retrocesos.

Hoy por la mañana, mientras Priss hacía recalar su historia en Internet, una caravana multicolor en los Bicitaxis Andariegos —de la Oficina del Historiador de la Ciudad de Camagüey—, salía de la nueva escuela abierta en la Calle Martí Nro 55. Se llama Héroes del Moncada y es de las pocas del país dedicadas por entero al autismo, de ahí que en la matrícula de 21 alumnos, de tres a nueve años de edad, haya niños de Ciego de Ávila y Morón. En la provincia de Camagüey se atienden cerca de 30, sumando los insertados en el sistema de enseñanza especial y la regular porque dos aprenden en primarias convencionales. La cifra pudiera aumentar de superarse el estigma.

Padres, maestros y especialistas iban completos o con algo de azul, unos con viseras o también con vistosos sombreros de cartón, con la pieza de un rompecabezas, el símbolo del trastorno del espectro autista, un trastorno de introspección que lleva a la pérdida de contacto con la realidad exterior, si no se atiende a tiempo. Los niños iban de disfraz.

Según la OMS, el autismo perjudica a 62 niños por cada 10 mil en el mundo. En la población hispana, se estima uno de cada 93.

“Somos personas normales, en un cuerpo que no podemos controlar”, concluye otro testimonio en la red de un autista adulto, en los que resulta mayor la pérdida de tiempo de atención temprana especializada y los servicios que necesita de educación inclusiva, oportunidades de empleo digno, de desarrollo en la etapa de madurez.

En la Plaza de los Trabajadores esperaban esculturas vivientes y zanqueros del grupo Teatro D'Luz. Unos se notaron medio incómodos, pero la mayoría parecía a gusto haciendo la ronda, bailando el vals, cantando y jugando, simulando un trencito propuesto por los payasos Florecita y Cebollita y atentos a las notas que Frank Luis tocó en violín.

Y mientras Priss escribía de su angustia, los rostros de las madres de nuestra Plaza tenían los tonos de la compañía, del abrigo, de la compresión porque sus niños tienen avances de conocimiento, van modificando el lenguaje y la conducta. La escuela trabaja para que se sientan bien en eventos sociales y porque pueden aprender un oficio.

Este sábado es el Día Mundial de la Concienciación sobre el Autismo. De nada vale que te vistas de azul, si no arropas con ese color tus prácticas cotidianas. No sientas lástima porque son personas normales. “Tú eres la pieza que falta”, dice una de las frases de visera. ¿Acaso no será al revés?

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