Linet María Morell Serrano, es su nombre, ha crecido y lo hace de manera rápida. Su familia siente que el tiempo pasa, el pensamiento tampoco se detiene y es entonces cuando despierta la frase "parece que fue ayer que inició sus primeros pasos en la vida estudiantil".

Lo experimentado por la protagonista de esta historia, en tres cursos de intenso batallar por aprender, mucho le satisface, al punto de hacerla exclamar: "Me gusta ir a la escuela". En el centro Antonio Maceo, perteneciente a la enseñanza primaria, en Guáimaro, Linet recibe las materias correspondientes al tercer grado, adora las matemáticas y se alegra con las clases de Educación Física.

Su rostro bisoño se adueña del entorno, donde niñas y niños, como ella, se educan e instruyen.

Pasarán los años y Linet se convertirá en una profesional de la patria, cuando ese momento llegue, como muchos otros, agradecerá a la Revolución cubana el haberle dado la oportunidad de fortalecer no sólo su intelecto, también su espíritu humanista, ese por el que tanto abogamos y que tanto defendemos.

La pequeña que hoy le motiva a usted detener su vista y leer, le enorgullece estudiar en el recinto identificado con el hombre todo un Titán de Bronce que como afirmó el apóstol José Martí, "tenía tanta fuerza en el brazo como en la mente".

Linet María Morell Serrano, comienza a entender el por qué su papá le habla del líder histórico de la Revolución cubana Fidel Castro Ruz, y siempre que lo hace le recuerda que el Comandante aseguró en una de sus convincentes alocuciones que a los cubanos, nadie los podrá alcanzar porque somos gigantes en la educación, en la salud pública, en la cultura y el arte.

Una niña guaimareña sueña, se prepara para la vida futura, una niña que se inspira a conquistar el mundo y agradece la suerte de haber nacido en Cuba.

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