Dicho así pudiera parecer algo propio del oficio, sin embargo, en tan breve tiempo tuvimos la posibilidad de asistir a dos grandes acontecimientos históricos. Aquel 3 de agosto de 1973 Raúl intercambió la gorra verde olivo del sargento Alfredo Luis Fontes con el sombrero de yarey del soldado Walter Pupo, estableciendo así un infinito compromiso de la juventud cubana con el pueblo y la Revolución de Fidel.

Primero fueron años de duros sacrificios. Las tropas no contaban con las condiciones mínimas de vida y trabajo, al extremo que ni siquiera les llegaba la electricidad, lo que obligó a realizar las actividades nocturnas –incluyendo las comidas y desayunos– con candiles y  y mechones diseminados por las paredes de los campamentos. Hoy todo es diferente, las unidades cuentan con todas las comodidades posibles y los que participaron en las Columnas Agropecuarias, la Operación Mambí, la Columna Juvenil del Centenario y luego el EJT muestran su alegría por los cambios y seguros de que el relevo joven tampoco fallará.

Del Ejército Proletario que es y por su ideología, dedicación y voluntad de servir al pueblo en la Producción y la Defensa de sus conquistas, por la independencia definitiva de Cuba estaremos eternamente agradecidos. Ellos hicieron suyas las palabras de Yoandri Ruíz Villalón, primer secretario de la Unión de Jóvenes Comunistas en la provincia, cuando afirmó: “Somos los jóvenes los que continuaremos trasmitiendo al mundo el ejemplo de dignidad inquebrantable de nuestra Revolución, más allá de las insuficiencias propias de toda obra humana, pero orgullosos del camino recorrido.”

¿Y cómo cerrar esta síntesis de la hazaña productiva de los muchachos del EJT a su paso por las llanuras camagüeyanas?

Se impone un lenguaje metafórico, porqué aquí le abrimos de par en par las entrañas de la tierra y del corazón. Aquí sembraron de escuelas cual flores hermosas en medio del verdor del macizo montañoso de la Sierra de Cubitas y desarrollaron la pesca, los planes cañeros y agrícolas y otras muchas obras de carácter económico y social.

De este ejercito proletario y las generaciones de combatientes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias que le antecedieron, los camagüeyanos de ayer, hoy y siempre sentirán el orgullo y el amor eterno que ellos merecen.

Los hijos de El Mayor jamás olvidaremos aquel memorable día que Raúl alzó los brazos a aquellos dos jóvenes en señal de victoria, de que continuaremos sin vacilaciones el combate por la independencia que nuestros padres nos ganaron de pie.

 

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