Fotos: Orlando Durán Hernández /AdelanteFotos: Orlando Durán Hernández /AdelanteCAMAGÜEY.- El 11 de mayo, para los habitantes de Camagüey, es un día solemne. Resulta una fecha para consolidar la identidad de los habitantes de esta región, sus convicciones. Representa un símbolo del renacer de aquellos valores legados por un héroe imprescindible en la historia cubana como Ignacio Agramonte Loynaz que cayó, en esa fecha, el 1873, en el Potrero de Jimaguayú.

Para recordar el legado del excepcional líder, habitantes de esta provincia, de todas las generaciones, de diversas instituciones y organizaciones le rindieron un tributo en el parque que lleva su nombre, para orgullo de los camagüeyanos.

Luego de depositar una ofrenda floral ante el monumento ecuestre de El Mayor, a nombre de su pueblo, se rememoró la significación y trascendencia política del hombre que, en el Paradero de las Minas, no dejó caer las banderas de la revolución que se gestaba, del estudiante de Derecho que aspiraba a un destino mejor para su patria, del joven militar que conformó una temible caballería, del guerrero sin tacha que murió tendido, con honor, sobre el campo de batalla.

En otro momento, el historiador y estudioso de la vida de Agramonte, Fernando Crespo Baró, abundó sobre la riqueza moral que ese mambí ha dejado a las generaciones del presente, en especial por “su alto sentido de la ética, el profundo concepto de la justicia y la entrega incondicional a la causa libertaria”.

Resaltó además el especialista, en vísperas del día de las madres, cuántoEl Mayor quiso a aquella que lo trajo al mundo, María Filomena Loynaz y Caballero, y cómo lo expresó en una carta enviada a su amigo Nicolás Azcárate y Escobedo, el 12 de mayo de 1866: “una madre es uno de los seres que más se llegan a querer en la vida”. Sobre el lazo de amor que unen a Amalia Simoni Argilagos con Ignacio, aun después de la muerte se refirió Crespo Baró al decir que la correspondencia, entre ambos, significa un importante tesoro para la historia de nuestra provincia.

Concluyó el homenaje con la emblemática canción El Mayor compuesta, por Silvio Rodríguez, al hombre que, por el servicio de romper las cadenas de la metrópoli española, sacrificó su bien más preciado: la vida. A quien recordamos, por su heroísmo, con la sinceridad que brota desde nuestros corazones.