CAMAGÜEY.- Cuando uno conoce a un bebé al nacer y luego lo tenemos enfrente, con 35 años de edad, nos damos cuenta de cómo ha pasado el tiempo. Esa sensación me invade al recordar aquellos primeros encuentros de jóvenes recién graduados de Medicina que tuvieron la responsabilidad de erigir el entonces Programa del Médico de las 120 Familias.

Hoy, como mismo asistí a aquellas citas llenas de entusiasmo e incertidumbre, fui testigo de otra con algunos de sus fundadores, ahora con una madurez que justifica el tiempo transcurrido y, sobre todo, el amor y la entrega a la profesión, en esta ocasión con Jorge Luis Tapia Fonseca, miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y su primer secretario en la provincia, e Isabel González Cárdenas, diputada a la Asamblea Nacional del Poder Popular y presidenta del Gobierno aquí, y autoridades del sector de la Salud, en la Universidad de Ciencias Médicas Carlos J. Finlay.

Las Dras. Alina León de la Torre y Alina de la Paz Carmona, especialistas de 2do. Grado en Medicina General Integral (MGI), Profesoras Auxiliares de la policlínica Ignacio Agramonte, en el reparto Garrido y en la barriada de la Caridad, respectivamente, ambas fundadoras del Programa del Médico y Enfermera de la Familia, expusieron sus experiencias, devenidas clases magistrales.

Foto: Otilio Rivero Delgado/ Adelante/ ArchivoFoto: Otilio Rivero Delgado/ Adelante/ ArchivoLeón de la Torre agradeció a los profesores de Ciencias Médicas por la selección de entonces, y a Fidel, por ser el iniciador, el conductor y el que los inspiró en la formación de la Medicina General Integral en el país, y comentó: “Empezamos a andar en la residencia, a conocer a la comunidad, las consultas, a las tareas de vacunación, citologías orgánicas y a empezar a armar el consultorio, fue un trabajo muy bonito porque nos consagramos y seguimos consagrados; hoy por hoy somos el primer eslabón de la salud”.

En 1986 se les dio la categoría de Profesor Instructor porque recibían a los estudiantes de primer año e impartían docencia, y rememoró: “Participamos en el Primer Seminario Internacional de Medicina Familiar y nuestro Comandante estuvo presente en todas las sesiones, y cuando se inauguró la fábrica de cerveza Tínima los 21 que integrábamos el programa aquí mantuvimos un contacto con Fidel.

“Fui representante de la Salud en el consejo popular Garrido-La Caridad entonces, igual en la CTC, y defendía nuestros derechos. En la docencia, nosotras y María del Carmen Romero Sánchez —esta última recordada de manera especial, ahora en Venezuela— fuimos pioneras, nos hicimos especialistas de segundo grado, profesoras auxiliares, no hemos detenido la superación, por eso los consultorios hoy son docentes, universidades, recibimos estudiantes de primero a sexto año, y residentes en formación de postgrados.

“En las reuniones de la circunscripción conozco el estado de opinión acerca del consultorio, y realizo las audiencias sanitarias para la promoción y prevención. En Honduras, en un sitio de difícil acceso llamado Santa Bárbara, una aldea con una población muy pobre, llegué a lugares donde no veían la civilización y en ese país dirigí como Metodóloga de Docencia y formé especialistas en el exterior, esa es una vivencia importante. Después en Venezuela, en Barrio Adentro, igual aporté desde el punto de vista asistencial, gerencial, docente y formé especialistas.

“Vamos a cumplir el legado de Fidel, somos los guardianes de la salud y lo vamos a seguir siendo porque la medicina familiar en cualquier país es la verdadera medicina, la necesaria”.

Foto: Jorge Hernández /Comunicador de Salud Pública ProvincialFoto: Jorge Hernández /Comunicador de Salud Pública ProvincialLa Dra. Alina de la Paz Carmona hizo referencia a cuestiones que los alejan de la concepción inicial del Programa y es el protagonismo y cercanía con el pueblo, y dijo: “Los vecinos daban todo para ayudar y se preocupaban hasta de dónde íbamos a almorzar.

“Teníamos el liderazgo en la comunidad que nos ganamos y también excepcionalmente el que nos daban quienes nos condujeron como privilegiados, era un privilegio ser médico de familia. Igual sufrimos decepciones porque nos daban el pésame en lugar de felicitarnos, incluso, paradigmas de la Medicina que admirábamos y seguimos admirando, pero no aceptaban esa concepción porque veían al médico como un producto hospitalario.

“Mi primer paciente era un hipertenso no diagnosticado, Víctor Pardo Reyes, ahora con 74 años de edad, y me dije ese día: ‘hice algo útil, hoy diagnostiqué a un hipertenso’.

“Porque todos queríamos ser ejemplo y para ser ejemplo hay que saber. Nunca tuvimos que remitir al paciente, lo conducíamos a las interconsultas con el profesor. Unas veces nos sentíamos felices, otras tristes, al final tenemos una deuda impagable con quienes nos eligieron”.

Y dijo con sentidas palabras: “Un día algunos profesores nos manifestaron: ‘Aprendimos de ustedes y experimentamos ese sueño del Comandante’”.

Y se preguntó: “¿Qué podemos legarles a los médicos de hoy?, nuestra enseñanza, acercarnos más, enseñarles más y exigirles después. Enseñe primero y exija después. Tenemos que irradiar luz y esa sale de la vocación y de la dignidad con que usted ejerza y nace del conocimiento”.

Con especial énfasis recordó: “Epítetos como ‘ella es una doctora de una sola receta’, y el día que lo escuché empecé a llorar, porque ese es el mayor título que me pudieron ofrecer. Hoy es diferente, nadie se preocupa si usted tomó agua, si almorzó, si tiene hijos que atender…, hemos trascendido, y de privilegiados, casi nos convertimos en olvidados, por todas las carencias y justificaciones sabidas. Por la necesidad histórica concreta de salir a las misiones en el exterior se ha interrumpido el curso normal de los profesionales y la permanencia del médico y enfermera, sin olvidar la situación higiénico-epidemiológica que nos ha dejado huellas.

“Sin embargo, agregó, la educación es lo que ha logrado que seamos capaces de alcanzar los indicadores que hoy exhibimos. Los docentes no podemos cansarnos. Este encuentro es una esperanza, hay que salvaguardar nuestras conquistas y una es este Programa, que si está bien, el sistema nacional de salud está bien”.

La licenciada en Enfermería Duadys Soler Rodríguez, enfermera de la familia desde 1985, mostró orgullo por el alivio que le ofrece a sus pacientes encamados, cómo disfruta cuando un anciano desmemoriado la recuerda. Historias similares fueron expuestas por los doctores Alberto Yanes Rodríguez y Caridad Agüero Betancourt, con 32 años y más de 20 de experiencia, en ese orden, dentro del Programa, todos bajo el precepto de continuar con sentido de pertenencia.

Foto: Jorge Hernández /Comunicador de Salud Pública ProvincialFoto: Jorge Hernández /Comunicador de Salud Pública ProvincialEn enero de 1984 comenzó el Programa del Médico de las 120 Familias en ciudad de La Habana, y el 24 de octubre de ese mismo año ya era instaurado en Camagüey con siete consultorios en zona urbana y uno en Flor de Mayo, Santa Cruz del Sur, bajo la dirección de la Dra. Josefina Collot Gutiérrez, directora entonces de la policlínica Ignacio Agramonte.

La hoy funcionaria de la dirección provincial de Salud Pública, aseguró: “Hicimos realidad los sueños de nuestro Comandante en Jefe y consolidamos el postulado de su autodefensa en el Moncada”.

Cumplió misión internacionalista en Haití como directora nacional de docencia, y expresó su satisfacción al ver cómo haitianos formados en la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM) se ofrecían para acompañar a la brigada médica cubana Henry Reeve en casos de desastres en esa nación, y abundó: “Sentía orgullo al constatar cómo en el ejercicio de examen final de esos jóvenes, entre sus agradecimientos nombraban a Fidel Castro, al Gobierno, y a los profesores cubanos”.