CAMAGÜEY.- Con un conversatorio dedicado al periodista y político Juan Gualberto Gómez (1854-1933) prosiguió hoy en esta ciudad la Jornada por el Día de la Prensa Cubana.

Adolfo Silva Silva, de la Agencia Cubana de Noticias, contó que nació libre porque sus padres esclavos compraron la libertad, y fue uno de los líderes que siguieron a José Martí, en el siglo XIX, y condenaron la Enmienda Platt, de inicios del XX.

“Este homenaje de la Unión de Periodistas (Upec) es un acto de extrema justicia”, dijo acerca de uno de los ejemplos donde se da la convergencia de periodismo y patriotismo.

“Ochenta y cinco años después de su muerte podemos recordarlo como un amigo”, enfatizó Silva, poco después de calificar de extraordinaria “la riqueza periodística cubana”, y el ejemplo de Juan Gualberto al defender la condición humana con una prosa fina e incisiva.

Daicar Saladrigas González, directora del periódico Adelante, se refirió a la importancia de tener acceso a esos textos, ya se a las publicaciones donde vieron la luz, o alguna compilación de su obra.

Al respecto, Damaris Hernández Marí, profesora de la Universidad de Camagüey Ignacio Agramonte, recomendó el artículo “¿Por qué somos separatistas?”, firmado por él e incluido por Ana Núñez Machín en el libro Clásicos del periodismo cubano.

Luego Zoila Pérez Navarro, de Adelante, compartió su reciente experiencia de intercambio con una bisnieta de Juan Gualberto, el día 5 de marzo en La Habana, a propósito de la ofrenda floral a su tumba, acción de apertura del Tercer Encuentro de Jóvenes Periodistas.

Luis Naranjo, reportero de Televisión Camagüey, quien acaba de culminar una misión en Venezuela, reconoció la gestión de la información acerca de esta figura en el sitio Cubaperiodistas, porque en Cuba el Premio Nacional de Periodismo por la obra del año lleva el nombre de Juan Gualberto Gómez.

DON JUAN, ASÍ LO RETRATÓ NICOLÁS GUILLÉN

Don Juan es una extensa crónica de remembranza de Nicolás Guillén sobre Juan Gualberto Gómez, publicada en el semanario La Última Hora, el 26 de febrero de 1953, y puede consultarse en el libro Prosa de Prisa (2002), Tomo I, p. 150-157.

Se publicó dos días después de cumplirse el aniversario 50 del Grito de Yara, “la revolución que José Martí y Juan Gualberto Gómez prepararon”, destaca el autor.

¿Quién es el Guillén que convoca a la lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista? Ha sufrido prisión por el contenido “subversivo” de sus trabajos periodísticos, goza de gran prestigio internacional por la calidad de su lírica auténtica; pero le han confiscado el pasaporte debido a su presencia en el Congreso por la Paz, en Viena, diciembre de 1952; “la isla era su cárcel” aseveró Joaquín G. Santana.

En Don Juan enfoca el problema racista de una manera original, con la dualidad Martí-Juan Gualberto porque ambos encarnan la solución a todo un problema social de siglos, y con sutileza critica el tratamiento de ambas figuras por la Historia: “Hijo de su tiempo, lo mismo que Martí”; “Campeón de la unidad nacional, como Martí”; “el mismo pensamiento que Martí”.

A razas diferentes y por tanto, con distintos privilegios, la lógica de la época distancia los destinos. Mientras al “pequeño blanco” inclina por el camino del verso, al “pequeño mulato” le reserva “el oficio de carruajero”. Pero el talento de Juan Gualberto lo hace tan prominente como el otro. 

“Después de Martí, no hay en el período que procede al estallido de la segunda guerra de independencia, figura alguna con la sagacidad, el coraje, la fuerza interior, la amplia mirada política de Juan Gualberto Gómez”, esta de Guillén es una afirmación arriesgada, pero certera.

Encontramos metáforas de indudable belleza: “una cabeza llena de fuerza y distinción”, “su memoria era un tesoro de anécdotas”, poseía “el don del humor en grado superlativo”, “la trabazón de las ideas y la solidez del razonamiento” de los escritos periodísticos de esa “inteligencia grávida”.

Otra expresión magnífica por el efecto que produce es el “bofetón que significó la Enmienda Platt”, porque sitúa en el plano individual, la impresión que en carne viva deja un golpe en la mejilla. Ese símbolo denota una serie de sentimientos: cólera, ira… Eso reclama una respuesta inmediata, así reaccionó Juan Gualberto cuando “otros desmayaban”.

En el tratamiento de las figuras históricas, Guillén recurre a personajes familiares y en su obra periodística se aprecia esa actitud ante un fenómeno social que le obliga a buscar el antecedente histórico que explica el curso de la época.

Pudiera haber contado la historia de Juan Gualberto de otra manera al comenzar con la vida del héroe y no con la de él, mas enfoca el hecho desde una perspectiva original, desde el Don Juan que vio aquí junto a su padre Nicolás Guillén Urra.

Aquel ambiente familiar donde “la elocuencia de los oradores resonaba en la gran sala de aquella provinciana mansión” reproduce el escenario de conspiración política en el Camagüey.

El final impacta por la paradoja empleada: “Martí y Juan Gualberto mucho tienen que hacer en Cuba todavía”. Deben actuar en presente aunque la lógica de la vida indique lo contrario, sin embargo, Guillén afirma: “Ellos no viven ya, pero vivimos nosotros”.

Busto de Juan Gualberto, emplazado a la entrada de la sede de la UPEC en La Habana.Busto de Juan Gualberto, emplazado a la entrada de la sede de la UPEC en La Habana.