CAMAGÜEY.- Como ya es costumbre en la noche del 27 de enero, Camagüey se transformó en una enorme antorcha de ideales en manos de sus pobladores en vísperas de la fecha histórica, y por demás, simbólica, que constituye el aniversario 165 del nacimiento del Héroe Nacional de Cuba, la verdadera llama que alumbra nuestra razón.

Desde el céntrico parque que rinde tributo al Apóstol con su nombre, partió la multitud convertida en una columna de luz. El clima amenazaba con sus mejores armas: fuertes ráfagas de aire y un constante “chín chín” que se esperaba, no culminara en un brutal aluvión.

Sin embargo, esas pequeñeces no preocuparon a los jóvenes que aprovechaban y se tomaban un selfie mientras caminaban o, solícitos, daban de su fuego a un compañero de aula o de viaje. La palabra “mío” desaparece cuando existe un sendero justo, común.

“Vine junto a mis amigos para rendir tributo a las ideas de Martí y mostrar mi apoyo incondicional a la Revolución Cubana que, en fin, ha sido una fiel seguidora de sus ideales” dijo el joven trabajador de Seprocam, Yainier Arocha Ramos.

El ejército de luz atravesó despacio las calles Luaces y República. Las antorchas llenaron de claridad aquellos tramos inalcanzables para las luminarias y la sobriedad habitual fue quebrada por el murmullo del gentío. Algunos, para proteger su tea, creaban con el dorso de la mano una muralla “rompevientos”.

Volaban por los cielos las consignas improvisadas en el momento y otras que, a su vez, inspiraron también a un grupo de hombres denominados la Generación del Centenario: “Venceremos, está de nuestro lado la justicia”.

Con el arribo a la plaza situada en la Avenida de La Libertad, el pueblo de fieles a los preceptos martianos rememoró, a través de una programación cultural, la huella del autor de La Edad de Oro, en el movimiento de las brazadas típicas de las bailarinas españolas, la declamación firme que evoca sus principios y la obra que lo atará, eternamente, al Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.

En una posición estratégica, donde divisaba a la perfección cada detalle del acto, estaba el profesor de la Universidad de Camagüey, Críspulo Herrera Medina. Él pasa los setenta años, pero se siente de veinte cuando se encuentra codo a codo con la juventud y manifiesta que “nosotros somos los responsables de insertarles a las generaciones del futuro los preceptos martianos, solo así podremos construir una Cuba con todos y para el bien de todos”.

Las antorchas, en su mayoría quedaron en las vías, otras junto a las aceras y algunas, hasta apuntalando, sin motivo, la fachada de una casa, pero lo fundamental fue que los presentes en la marcha renovaron, como sucede cada enero, el amor y el compromiso por Cuba; el amor que toma la fuerza de una llama-paradigma: José Martí.

 

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