CAMAGÜEY.-Las fuerzas de otro poderoso huracán mueve a Cuba, y no es precisamente José que al parecer se va por el norte sin afectar la Isla. Este organismo tropical, muy típico de Cuba tiene una fuerza constructiva insuperable, no registrada en las escalas Saffir-Simpson y su nombre es el de Solidaridad, violando todas las normas para nombrar los ciclones tropicales.

Los datos hablan por si solo, de los 125 mil evacuados de toda la provincia, 110 mil se autoevacuaron en casa de familiares y amigos, miles de hogares camagüeyanos pusieron de manifiesto la unidad del barrio y la familia ante esta situación excepcional. Ayer, cuando todavía existía la amenaza real del desbordamiento del Rio Hatibonico que inunda buena parte de la ciudad, Adelante recorrió la calle Palma. Allí encontramos testimonios que sobrepasaban el temor de los pobladores a perderlo todo por la crecida del río.

“En cuanto supimos que la provincia estaba en alarma ciclónica, trasladamos a los enfermos a las casas más seguras de la cuadra, las que tienen segundo piso y ofrecen a su vez seguridad para soportar la fuerza de los vientos, yo misma participé en el levantamiento de las casas más vulnerables y junto a la Defensa Civil le explicamos los riesgos que tenía la zona”, explicó a Adelante.cu Isabel Toledano Betancourt.

“Yo me responsabilizo con asumir en mi casa a esas personas, le dije sin temor al compañero de la Zona de Defensa. Las personas han tomado conciencia de que tienen que proteger sus bienes, pues ya no estamos en los tiempos que se reponía todo y hay que cuidar nuestras pertenencias.

“Tuvimos información durante toda la noche acerca del comportamiento del rio, la defensa civil tuvo mucha preocupación con los residentes en esta zona, aquí nos llevamos todos bastante bien, una muestra es que cocinamos colectivamente, todo el mundo aporta algo y si alguien no tiene, pues le damos también, ayudamos a subir los fríos, los televisores, porque nadie quiere perder lo suyo, esto sucede únicamente en Cuba”, dijo la vecina de la calle Palma, “muy diferente a lo que pasa en la Florida, por ejemplo, que la gente tiene que arreglársela como pueda, aquí tenemos varias casas previstas para esta situación y la solidaridad se hace presente”.

Juan Carlos Ramos Traba todavía no se recuperaba de la noche que pasó, “los vientos eran muy fuertes y las lluvias aquí se sentía el doble, además de los riesgos por el río, de todas formas hoy nos levantamos ayudando a las personas a recuperarse, a sacar las cosas del patio, los árboles caídos, además en mi casa tenemos varios refrigeradores, siete televisores, entre otros equipos de los vecinos”, explicó el vecino de la calle Palma.

Una singular historia nos hizo movernos hasta la Calle Primera del Imán, allí como a las dos de la madrugada la casa de María Eugenia comenzó a perder el techo, y según cuenta ella “un grupo de vecinos salió a proteger las tejas, a riesgo de su vida, para que no se las llevara el viento, ellos mismos, cuando llegó la calma, lo reconstruyeron parcialmente”.

La fuerza de este otro huracán no es solamente endójeno, desde antes de la llegada de Irma ya se movía hasta este territorio una gran marea naranja que trajo a más de doscientos trabajadores eléctricos de Granma y Santiago de Cuba, quienes desde la primeras horas de ayer laboraban para restablecer el servicio eléctrico en la costa norte camagüeyana y en la capital provincial.