Lecturas

Espacio para disfrutar de la lectura, aprender y entretenerse.



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 Por estos días se cumplen 86 años del poco conocido incidente que la memoria de nuestra ciudad recuerda como “el caso de tesoro de Van Horne”. Les cuento.

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La  Plaza de La Soledad, más adelante denominada Plaza del Gallo, y hoy Plaza de la Solidaridad, es un símbolo de inigualable valor para el patrimonio cultural de la ciudad de Camagüey, siendo un patio urbano y atrio de los edificios más representativos de la comunidad.

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Gorrión Desgreñado y el viejo alfarero

Camagüey.- El libro no era para mí, aunque habría de leerlo por las dos. No me imaginaba a mis treinta volando la aventura de un pajarillo con miedos que sale al encuentro de su ciudad. Pero Alma estaba acabada de salir del “cascarón”, y quería explorar sus respuestas ante esa lectura.

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Quisimos entre todos inventarnos una crónica. Con tizas y en la pizarra del aula universitaria nos sorteamos al amor. No hubo timidez en mis muchachos, solo sonrisas; es muy fácil decir lo que papá nos enseñó.

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Camagüey.- No sé a quién se le ocurrió preparar una actividad para los niños a la hora en que mataron a Lola, a las 3:00 pm, momento en el que no quieren despegarse de los catresitos soñolientos y que, cuando lo logran, viene detrás un apetito del tamaño de un elefante. Si lo duda repare en lo que dicen casi todos los pequeños acabados de levantar “mami dame algo”.


Camagüey.- Podía ofrendar su vida, pero no retomarla, por eso, y porque ellos no querían, no aceptaron su muerte; no creyeron en el entierro, ni en que aquellas balas pudieran acallar la voz suave, la palabra vivísima. Ellos no lo dejaron morir. Y así, aquel 19 de mayo empezó él esa otra vida de pecho en pecho a través del tiempo. Bien le dijo al periodista Froilán Escobar González, Salustino Leyva, uno de esos niños que conocieron a Martí en su travesía por la Sierra hasta Dos Ríos: “Mientras haya cubanos Martí va a existir”.


Camagüey.- Sus manos acostumbradas a la oficina se aferran al arado con una voluntad más firme que el hierro que ahora le abre venas al suelo. Decidió coger la tierra “pa' salir alante”. Sus dos hijos son pequeños y el salario de $ 400 y pico de él y el de su esposa, un poquito más alto, porque es maestra, “era una sábana muy corta para taparse todo el mes”.


Camagüey.- Sinceramente no lo sé. De hecho, tal vez nadie pueda definir a ciencia cierta el valor de ese instante único en que la vida nace de la vida, en medio de la sangre y el dolor, pero bajo el signo maravilloso del milagro del amor.


Camagüey.- Me gustaría investigar dentro de unos años el número de niñas que al nacer reciben el nombre de Diana. Temo que el índice de bebés con esta firma disminuirá. Dudo mucho que alguien que viva la odisea de viajar a diario en el pequeño autobús con nombre de mujer le queden ganas de recordarlo cada vez que llame a su hija.