Tensión, emoción contenida, asombro, risa, diversión, son reacciones espontáneas que surgen al disfrutar de un buen espectáculo circense, arte representativo de una importante parte de la sabiduría humana, noble empresa sostenida a lo largo de muchos siglos, casi desde el mismo momento en que el hombre comenzó su cultura.

El origen del circo se remonta al antiguo Egipto en el año 2500 antes de nuestra era, donde ya se realizaban actos de malabarismo, acrobacia y equilibrio, según refieren páginas digitales.

Se dice que los griegos, algunas civilizaciones africanas y los chinos, también ejecutaban prácticas danzarias y pruebas de destreza y equilibrio asociadas hoy en día a esa distracción.

Pero las noticias más próximas al circo actual, con su pista circular, se encuentran en la antigua Roma, donde los anfiteatros, edificios redondos con gradas alrededor eran llamados circos, palabra que proviene del griego kirkos, que significa “círculo, anillo”, afirman las mismas fuentes.

Cuentan que en la segunda mitad del siglo XVIII las compañías comienzan a hacer espectáculos callejeros y en pequeños teatros estables, pero es en 1768 que el inglés Philip Astley tuvo la idea de diseñar una pista circular rodeada de tribunas de madera, instalada al aire libre, en un terreno baldío donde su mujer se colocaba en la entrada tocando el tambor para atraer al público. Y así nació el primer circo moderno en Londres en 1770.

En Cuba, su surgimiento se remonta a 1800, con la pista circular y escenario para artistas del patio y de acuerdo con el sitio de la UNEAC, fue el primer país de América Latina y el Caribe que conoció el circo moderno.

La nación antillana llegó a contar con 42 de diversa magnitud, y los mayores disponían de 50 integrantes, quienes hacían maravillas en el trapecio, trepe, onda aérea, vuelo de pájaro, ballet aéreo, equilibrio en cuerda floja, malabaristas, magos, ilusionistas, faquires, telépatas y otros tantos cuyo recuerdo perduró entonces en la memoria de todos.

Seguramente el público de mayor edad guarde historias y gratos momentos de espectáculos de los circos Montalvo, Santos y Artigas; Los Moralitos, entre los más connotados de la época.

Tras el triunfo de Enero, convertido en Circo Nacional INIT y Primer Circo Socialista de América, debutó en el mismo lugar del inolvidable pionero de 1800, la Plaza del Vapor, hoy Parque El Curita.

Heredero de una amplia tradición circense, hoy las presentaciones del Circo Nacional de Cuba, constituyen para su público verdaderos espectáculos de lujo, y así lo avala su participación por varias décadas en los festivales más importantes de la disciplina en el mundo, donde ha obtenido importantes premios en los diferentes géneros.

Arte perdurable en el tiempo y con gran arraigo en la Isla, al grito de “llegó el circo”, todos, pequeños, jóvenes y quienes peinan canas, acuden a la convocatoria, atraídos por la calidad de las presentaciones, algunos con la ilusión de la primera vez y otros por la nostalgia, en busca de revivir aquella linda huella labrada desde la lejana niñez.