CAMAGÜEY.- Entraron por el cuerpo de guardia y sorprendieron a todos los niños, estos cinco doctores no eran comunes, a pesar de llevar batas blancas. Los de hoy, tenían la nariz grande y roja, su pelo era demasiado colorido y las “pastillas” que les dieron tampoco eran tan amargas como las de verdad, pero eran médicos que se llegaron hasta allí para diagnosticar sonrisas, y es que esa es la especialidad de Tin Ido, Cartucho, Chocolatiqui, Cebollita y Florecita.

Al estilo de los médicos de verdad, pasaron visita por varias salas: Oncología, Neurocirugía, Dermatología, hasta que llegaron a donde los esperaba un mundo de niños impacientes por cantar, brincar y jugar hasta el cansancio con sus nuevos y atípicos doctores. Sus pacientes rieron con las ocurrencias de Tin, se mojaron con las lágrimas de Cebollita, cantaron la canción que les enseñó Chocolatiqui, corrieron tras Cartucho y se comieron los caramelos de Florecita, hasta olvidar por un momento que estaban enfermos.

A Juan se le olvidó el yeso, a Carlos la herida, a María la tos que le provoca el asma, y la niñita de la esquina tanto se divirtió que olvidó su suero, entonces estos doctores habían cumplido con su misión: alegrarles el Día Internacional de la Infancia a estos seres especiales que no se detienen ante los palos que les dio la vida y son capaces de regalarles un carcajada a cualquiera.

Con la promesa de que volverían pronto se fueron estos medios locos, sí, locos por brindar amor y diagnosticar mucha más sonrisas, convencidos de que reír es una buena cura para estos príncipes enanos.

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