CAMAGÜEY.- “Parece que cuando una tiene hijos ama más la libertad…”, dijo una vez Amalia, esa madre y camagüeyana ilustre, movida sobre todo por los corajes de independencia que le inyectara el esposo y patriota amantísimo. Y sí, los puntos suspensivos esconden algún complemento. A la cita de seguro le faltó: “…a riesgo de ser para siempre culpable”.

Culpable, culpable de “traer”, sin preguntar si el verbo escogido era llevar. Culpable de las similitudes aun cuando se “prefiriera” la exclusividad. Culpable de los embustes, aunque sean para librar al “traído” de algún perjuicio anunciado; a fin de cuentas culpable. Culpable de renunciar a todos los gustos y deseos y aptitudes, menos a la de querernos. Culpable de la cercanía y de la distancia necesaria. Culpable del beso meloso y del reproche sensato. Culpable de la paciencia exagerada y del arrebato íntegro. De estar, de envejecer, de marchar.

Culpable no solo ante los ojos de la descendencia. Culpable es el veredicto más íntimo y perpetuo que dictamos cuando nos da por eso de la gravidez; no importa si en la sala se canta a toda voz la inocencia. Se trata de una culpa-bálsamo que cargamos con resolución total.

Ya en conteo regresivo mayo es también, o sobre todo, el mes de las madres. El de esa mami que “suena” con vocales y consonantes casi guturales. El de la mamá “incapaz” de despejar la tarea. El de la “pura” que “funde” con sus “tallas” proféticas. El de la “vieja” pródiga en mimos que dejaron de tocarle. El de la abuela que cosió la canastilla de cuatro hijos, el doble de nietos y ahora “improvisa” con la bisnieta. El de la tía o madrina que toda la vida ha empujado tanto amor como aquellos pujos que provocaron los primeros gritos. El de la que sabe en la geometría de su vientre la causa que la acusa. El de la que asimila con sospecha la sentencia que descubrió en la orina o en la pantalla de un “televisor”, pero ante la que no presentará apelación alguna.

“Parece que cuando una tiene hijos ama más la libertad… a riesgo de ser para siempre culpable”. Pensó y clamó Amalia por todas las camagüeyanas. Es que quizás en esa oración “inconclusa” está la entraña fiera y tibia de las que nacen y paren en este suelo. Para ellas, nuestras culpables, este es el quiero de Adelante.