CAMAGÜEY.- Esta es una ciudad mediterránea, alejada del mar, a 534 kilómetros de la capital cubana, que encanta por sus caprichosas y tortuosas calles, el ambiente acogedor de sus gentes y la posibilidad que brinda de trasladarnos en la imaginación, desde la contemporaneidad hasta la época colonial.

Nadie en el recorrido por su entorno puede esquivar el encuentro de lo antiguo con lo nuevo. Si asciende a la cúpula del actual centro de convenciones Santa Cecilia, una hermosa edificación, frente a la monumental iglesia de La Merced, hallará un paisaje policromático, con predominio de los rojizos techos de tejas de barro.

Ciento por ciento camagüeyano, no deja de atraerme la belleza de la fachada del más importante coliseo cultural, el teatro Principal, ubicado en la calle Padre Valencia; la Plaza de El Carmen, con su iglesia de dos torres y las obras de la artista Martha Jiménez, con un sello especial en el mundo de la cerámica y en otras manifestaciones de las artes plásticas.

Alrededor del parque insignia de la ciudad, que eterniza la presencia del más grande de los próceres camagüeyanos: Ignacio Agramonte Loynaz, los valores arquitectónicos atrapan a foráneos y nacionales con la Casa de la Diversidad Cultural o en la que nació el sabio cubano Carlos J. Finlay.

Entorno que vio nacer también al Poeta Nacional, Nicolás Guilén, a la poetisa Gertrudis Gómez de Avellaneda y a Alberto Bayo, quien entrenó militarmente en México a los expedicionarios del yate Granma, encabezados por Fidel Castro, que desembarcaron en Cuba el 2 de diciembre de 1956.

Enclavado en el centro de la ciudad, en la calle Luaces 104 (antes 9) se encuentra el inmueble donde transcurrió la infancia y la adolescencia de José Francisco Martí Zayas Bazán (El Ismaelillo), hijo del más universal de los cubanos. El recinto pudiera incluirse en un futuro en la ruta de los turistas que visiten a Camagüey.

Por estos y muchos otros atributos, la UNESCO distinguió un segmento del Centro Histórico como Patrimonio Cultural de la Humanidad.

La Oficina del Historiador de la Ciudad, el 24 de febrero próximo cumplirá 20 años de fundada y ella ocupa un lugar especial en la conservación del patrimonio tangible e intangible, con la inserción en ese empeño, además, de proyectos comunitarios, imprescindibles para que las tradiciones nunca mueran en esta plaza también importante del teatro.