CAMAGÜEY.- Enraizado en el corazón de su pueblo, como el más grande y frondoso caguairán, invicto, abundan el amor, el respeto, el cariño, el agradecimiento de quienes hoy no encontramos el regalo y el homenaje apropiado que ofrecer a tan humilde grandeza.

Fidel entró en el Universo por su lado luminoso el 13 de agosto de 1926 marcando la fecha para la eternidad, porque justo él lleva en sí la simiente de la estirpe de los guerreros y los héroes mitológicos, la de los profetas bíblicos, la bravura de los océanos y el remanso de los ríos de aguas cristalinas; hecho hombre, todo él, de carne y hueso, de tristezas y alegrías, de dolores y satisfacciones, de reveces y victorias, nacido para decir y hacer para todos y por todos.

Amado y cuestionado, hombre de justicia y paz, de corazón abierto, con la mano extendida y el puño cerrado, no es leyenda, es historia, es vida. Fidel en sus 90, sigue en sus trece, inclaudicable, batallador y optimista como en los días del Moncada, del Granma, de la Sierra y de Girón, permeado de las esencias filosóficas de Martí, de Mella, de Marx, de Lenin, de las que fluye del hacer Revolución cada día, como sólo Cuba sabe hacer, como sólo él nos ha enseñado a construir: humanistas, solidarios, hermanos, firmes... unidos y victoriosos.

Él, tú, y yo, que vivimos su sueño y soñamos su verdad; éste, aquél y ese, que sonríen por su vida y viven por su sonrisa; ellos, ustedes y aquellos, frutos de su gloria y glorias de su fruto; qué hacer por estos días como no sea celebrar.