Camagüey.- Hablar del Camagüey, la suave comarca de pastores y sombreros –como la describiría Guillén- es hablar indiscutiblemente de los tinajones, las iglesias, sus calles enredadas, las plazas, sus patriotas. Hablar de Camagüey es también hablar de sus mujeres.

Las mujeres del Camagüey se caracterizan por ser enérgicas, elegantes y muy orgullosas. Una de las más relevantes dentro de la historia local resulta Amalia Simoni Argilagos, la eterna compañera, en el amor y en la lucha patriótica del Mayor Ignacio Agramonte.

La Magdalena de Tiziano, como la nombrara la poetisa camagüeyana Aurelia Castillo y del Castillo, fue criada en una rica cuna del Puerto Príncipe del siglo XIX. Poseía Amalia gran sensibilidad para el arte y una cultura exquisita, ganada en la Isla y en los viajes familiares por Europa; contaba además con probada resistencia y valor innato.

Esta insigne mujer del Camagüey supo abandonar las comodidades del hogar para seguir a su esposo hacia la manigua insurrecta, desde noviembre de 1868 hasta el 26 de mayo de 1870, fecha en que fuera presa de los españoles junto a su pequeño hijo, Ernesto, de solo un año de edad.

Indoblegable desde su captura, Amalia mantuvo total entereza de principios patrióticos y fidelidad sin límites a los ideales de emancipación social que preconizaba su compañero. De este hecho ha llegado a nuestros días la frase que esta noble mujer profirió a los que la mantenían cautiva cuando se le requirió que escribiera a su esposo, para que abandonara la lucha. Su respuesta fue categórica: "Primero me dejo cortar una mano antes que escribirle a mi esposo para que sea un traidor".

¡Fáciles son los héroes con tales mujeres!, diría años después el prócer cubano José Martí, al conocer de este suceso. Admirando a Amalia, el Maestro escribiría también en Patria el 25 de junio de 1892: "Por la dignidad y fortaleza de su vida; por su inteligencia rara y su modestia y gran cultura; por el cariño ternísimo y conmovedor con que acompaña y guía en el mundo a sus dos hijos, los hijos del héroe, –respeta Patria y admira a la señora Amalia Simoni, a la viuda de Ignacio Agramonte."

Hasta el momento de sorprenderle la muerte, ocurrida en La Habana el 23 de enero de 1918, mantuvo inquebrantable postura política por la total independencia de Cuba y contra la intervención norteamericana en los asuntos internos del país.

En ese combate de ideas Amalia Simoni no había dejado de ocupar la primera fila junto a Salvador Cisneros Betancourt, Manuel Sanguily Garrite, María de la Concepción ‟Concha” Agramonte Boza y otras dignas figuras patrióticas de la naciente República cubana.

Con la Vergüenza, frase usada por del Mayor para impedir a tiempo la caída de la Insurrección en el Camagüey, Amalia Simoni se había echado a luchar por un país nuevo, donde la justicia, la igualdad y la libertad fueran la conquista suprema social.

De esta mujer y su esposo cada generación de cubanos descubre las asombrosas historias de su relación, cuando en sus apasionadas epístolas el amor inunda que a quien las lee.

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