CAMAGÜEY.-En torno a la inauguración del novedoso bulevar de esta ciudad, en la cuadra comprendida entre el primer tramo peatonal de República y Avellaneda, algunas personas aluden al nombre de la calle Van Horne, el llamado “rey de los ferrocarriles”.

Cuando coinciden variados puntos de vista no es posible ser categórico, sobre todo frente a un resplandeciente programa restaurador de la Oficina del Historiador de la Ciudad de Camagüey que mostrará a lugareños y visitantes nuestra tradición ferroviaria.

Saber que se mostrará una decena de viejas locomotoras trae a la memoria de este sexagenario las noches en que de la mano de su padre realizaba caminatas hasta el parque Finlay para apreciar las máquinas de vapor, aquellas moles de hierro pintadas de negro, con listas y números en blanco; el singular silbato y rítmico andar; y también las modernas de diesel, con llamativos colores.

Entre las respuestas al señalamiento del nombre de la calle recibí la frase latina Vox populi (voz del pueblo). Entre los camagüeyanos está arraigada “la interrelación existente entre la toponimia urbana y el catolicismo”, según destaca el investigador Marcos Tamanes Henderson. A ello se suma el apego a las costumbres. En una relación de 127 nombres de calles y callejones, aparece San Esteban —donde nací— por Oscar Primelles, San Ramón por Enrique José Varona, Príncipe en lugar de Gregorio Benítez…

En la referencia número 86 del libro Calles y Callejones de Camagüey: entre la leyenda y la historia, la referida cuadra surgida al calor de la construcción del ferrocarril recibió en 1909 el nombre de Nueva; en 1922 fue rebautizada con el apellido del norteamericano —con título de la corona británica— Sir William Van Horne, aunque ya por ese tiempo identificaba a una avenida en el reparto Garrido.

Tras el triunfo de la Revolución se cambia la denominación por la de Mario Aróstegui Recio, obrero ferroviario y primer mártir camagüeyano en la lucha contra la dictadura de Batista.
Confirma este dato la señalética del parque Mario Aróstegui en la esquina con República y en la pared del hotel Plaza, en el otro extremo, hay una placa mal cuidada a pesar de las rehabilitaciones del edificio con el nombre del luchador revolucionario.

Los Ferrocarriles Consolidados de Cuba fueron una de las puntas de lanza capitalista para buscar beneficios en los albores de la seudorrepública en la Isla, según consigna el periodista Eduardo Labrada Rodríguez en un artículo publicado el 18 de diciembre de 1974 en Adelante.

En New Jersey, EE.UU., se inscribe la empresa The Cuban Company en el año 1900 “con el fin de construir y explotar una vía férrea entre Santa Clara y Santiago de Cuba”, bajo la dirección del emprendedor ingeniero norteamericano Sir William Van Horne, que ya tenía experiencias en tierras canadienses.

Entre otros asombros, más de 500 jornaleros procedentes de las Islas Canarias —según los datos del artículo citado— son contratados engañosamente para las tareas de pico y pala junto a 5 000 cubanos en esta ruta, cuya apertura fue uno de los acontecimientos más importantes a inicios del siglo XX.

Trascienden también, según algunos colegas e investigadores consultados, las artimañas con propietarios de tierras. Entre 1898 y 1902 se ejecuta la obra, con capital estadounidense y pequeña contribución “benevolente” del presidente Estrada Palma. A las diez de la mañana del 30 de mayo de 1902 arriba el primer tren por la vía central a esta ciudad.

Otras referencias similares y argumentadas sobre el desarrollo y la explotación de los caminos de hierro se pueden acceder en el libro Y llegó el Comandante y mandó a parar, editado por el Equipo Provincial de Historia del Partido Comunista de Cuba, a cargo de Manuel de J. Lefrán.

En este estado de cosas, cabría preguntarse si tantas denominaciones se prestan a confusión. ¿Será necesario un consenso: Nueva, Van Horne o Mario Aróstegui?