Todos saben que las principales causas de muerte en el mundo hoy son los accidentes cardiovasculares y el cáncer en sus diferentes expresiones y Cuba no es una excepción con respecto a estas estadísticas.

De aquí que con independencia de los tres grandes centros cardiovasculares que existen en el país, el de La Habana, en la parte occidental del territorio, el de Villa Clara para la región central y el de Santiago de Cuba para la oriental, en innumerables centros hospitalarios, desde los más prestigiosos, como el de  Hermanos Ameijeiras y otros, hay unidades asistenciales de cardiología que aproximan la atención médica especializada a los pacientes necesitados de esos servicios.

A mí me tocó esta de Camaguey, que como dije pertenece al hospital provincial Manuel Ascunce Domenech, a donde llegué por el fuego que llevaba dentro, con la idea de si me iba o no me iba para el otro lado, y del que hasta ahora, que yo sepa, nadie ha regresado, pero parece que no estaba en este pedido de la parca y además, si ahora estoy haciendo el cuento, nadie puede decir cuántos recursos e inteligencia se invirtieron por parte del Estado y nuestro personal médico cubano, para que yo esté aquí “vivito y coleando”.

De la criolla que le hable en mi primer “relato de vida” y que me parecía estaba demás en “Cuidados Intensivos” le voy a contar esta historia real por muy inverosímil que parezca, pues el hecho de aún estar ella aquí, así lo asevera.

Foto: Del AutorFoto: Del AutorAsmaida procede del municipio norteño de Esmeralda, es casada, tiene tres hijos, y casualmente se encontraba atendiendo la nieta en el hospital pediátrico Eduardo Agramonte Piña, en la capital camagüeyana, y en uno de los gestos que hizo para manipular a la niña sintió como si le atravesaran un cuchillo por la espalda y le saliera por el pecho.

Corrieron en su auxilio y atinó a decir que llamaran a su amiga a tal teléfono para que avisaran a su familia, después semiinconsciente asistió a su traslado a la Unidad de Cuidados Intensivos  (UCI) del Hospital Provincial donde le prestaron los primeros auxilios.

Pero no había terminado de reponerse del primer golpe, cuando le sobrevino otro  y otro, hasta cuatro casi de manera consecutiva y recuerda entre una inconciencia y otra que le repetían una y otra vez ¡quédate con nosotros, quédate con nosotros!, mientras los golpes del desfibrilador era como si la levantaran en peso de la cama.

Después del vendaval de paros cardíacos, durmió, no sabe cuánto, y ya, más estabilizada, le dijeron que la pasarían a “Cuidados Intensivos” de la unidad de cardiología a donde llegó más animada.

Pero sus tribulaciones no habían terminado. Sorpresivamente, en  intensiva le repitió el paro. Cundió la alarma y cuentan los presentes que “Guille” el enfermero, atinó a darle un golpe en el pecho y flexiono con las dos manos sobre él, y  Asmaida reaccionó, volviendo a la vida.

La veo ahora en los cubículos que le llaman de intermedia. Sentada en la cama sonríe, como lo hace siempre y no me canso de preguntarme cómo ese corazón de solo 42 años, resistió un infarto y cinco paros y está bombeando sangre e irrigando todo el cuerpo.

Ahora la van a trasladar al cardiovascular de La Habana, porque es importante determinar la secuela que todos estos accidentes cardiovasculares le dejaron. en su “reloj”. Me pide que si voy escribir algo sobre ella no olvide mencionar a Yaniska "mi naricita”, que fue la amiga que la auxilio desde los primeros momentos. Le deseo suerte, bien se lo merece quien tanto luchó por su vida.

De cuidados intensivos me despedí después de controlárseme una sorpresiva arritmia que disparó el monitor  que tenía instalado y movilizó a Yordanka, la enfermera, quien por indicaciones del doctor Leandro me administró por vía intravenosa, con una gruesa jeringuilla, el medicamento que me estabilizó el ritmo cardiaco.

De intermedia en adelante vendría el plato fuerte. El diagnóstico de “Angina inestable” me catapultó a las manos del profesor Luis Felipe, en el cardiovascular de Villa Clara, a donde se remiten los pacientes del Manuel Ascunce con necesidades de coronografías o de otro tipo de dolencias más complejas, para ser intervenidos por renombrados y excelentes especialistas de todas las disciplinas cardiacas.

Aunque las casi dos horas en el quirófano con las manos detrás de la cabeza me parecieron una eternidad, bien valió la pena, porque ahora cuatro stent en las arterias obstruidas, algunas de ellas al 95%, permiten la irrigación sanguínea al corazón que me late con buen ritmo y al compás, como no lo hacía antes de la instalación de estos.

Como haberes de estos relatos de vida, solo hubo saldo de apretones de manos y frases de agradecimiento por tantas atenciones y recursos materiales e inteligencias humanas empleados en la recuperación y cura de este paciente y de otros muchos miles que son atendidos por el sistema de salud cubano, sin costo alguno.

¡Vuelva en septiembre, me dijo Luis Felipe!, pero en mi fase recuperativa, sería injusto olvidar a los doctores Karina, neumóloga del hospital Amalia Simoni y al intensivista del hospital militar Octavio de la Concepción y la Pedraja, Emilio Guevara, que mucho coadyuvaron a ella.

¡ Gracias a todos!