CAMAGÜEY.- ¡Qué alegría el día que Luis Daniel me llamó tío por primera vez, una de las primeras palabras que aprendió a decir junto a Mamá, Papá y Aya, su hermanita. Qué alegría cuando pudo hilvanar su primera oración: apenas cuatro palabras simples y mal pronunciadas, sin preposiciones ni conjunciones... no hacían falta. En ellas estaba su idea, su pensamiento. Aquellas fueron cuatro palabras con sabor a gloria y a lágrimas!

A veces parece ensimismado o que se ha quedado en blanco, pero sé que solo son instantes de sueños, de fantasías; de construcción mental de mundos maravillosos e inverosímiles, sus mundos, siempre mejores que el nuestro, sin odios, sin rencores, llenos de amor y de paz.

¡Cómo hubiera querido que me enseñara a ordenar cosas, como ordena sus juguetes; o a repetir sin cansarme los mismos gestos y las mismas palabras. Cuánto quisiera que me enseñara a abstraerme y a salir de mi vida cada vez que se me antoje, como lo consigue él. Vivir sus experiencias y sus emociones!

Cada día doy gracias a Dios por tener a este niño, que me ha hecho ser mejor persona, mirar la vida con otros ojos, valorarla en toda su grandeza, ser humilde...

Aunque jamás lo demuestra, sé que es feliz porque se siente querido, amado. Sé que se sabe seguro cuando de mi mano camina por mi mundo. Sé que me necesita y él sabe que jamás lo rechazaré por diferente, por especial. Sé cuándo necesita una dosis mayor de amor y comprensión. Cuando quiere que le regale una flor, una caricia, un beso, yo también quisiera regalarle el sol.

*Escritor camagüeyano. Este texto forma parte del libro Mi gordito autista, que Jaime prepara a partir de las vivencias con su sobrino autista, a quien ya dedicó desde el título el volumen Cuentos para Daniel (Editorial Ácana, 2013), de relatos tradicionales rusos.