Cuando nos acercamos a la temporada estival o a la llegada de los meses más frescos, los cubanos prestamos una atención especial a los relojes por el hecho de que el tiempo y su duración, desde épocas inmemoriales, son elementos imprescindibles para la vida de cualquier persona.

Su influyente presencia se pone de manifiesto por la expectativa que provoca, quizás para alargar el sueño un poco más al amanecer, cuando este domingo 11 de marzo sea restablecido el horario de verano que, por cierto, coincide con las elecciones de los delegados a las asambleas provinciales del Poder Popular y los diputados al Parlamento.

En el caso de Cuba, en el verano se ajustan los relojes de acuerdo con la hora que corresponde al meridiano situado a 60 grados al oeste del de Greenwich, a partir del cual se miden las longitudes en correspondencia con la circunferencia imaginaria que une a los polos y que recibe su nombre por cruzar por esa localidad inglesa situada en la ribera sur del río Támesis.

Acá se emplea esa en vez de la Hora Oficial que por nuestra ubicación geográfica nos corresponde, que es la del meridiano 75 grados Oeste, y durante el período en vigor de este horario, la diferencia con la hora de Greenwich es de menos cuatro horas, en lugar de menos cinco que tenemos en el curso de la Hora Oficial.

Un experto en la materia, el profesor Jorge Pérez Doval, antiguo jefe del Departamento del Instituto de Geofísica y Astronomía, aclaró en un artículo para la revista de su organismo que tal horario no incrementa la cantidad de horas en que el Sol permanece visible sobre el horizonte.

Esas aumentan en el hemisferio norte desde el equinoccio de primavera en la medida en que la estación avanza, hasta un máximo de horas con Sol durante el solsticio de verano el 21 de julio, explicó Pérez Doval y especificó el objetivo estratégico de la medida:

“Lo que se logra con este horario es que oscurezca una hora más, justo cuando se origina el mayor pico eléctrico al comenzar la noche, con el consiguiente ahorro de energía. También, por supuesto, amanece una hora más tarde, pero el pico eléctrico matutino es mucho menor.”

Una decisión de ese tipo data del 10 de junio de 1928, cuando se implantó por primera ocasión en Cuba el horario de verano, mediante el Decreto Presidencial 882 firmado cuatro días antes, por Gerardo Machado Morales (1871-1939).

El significado de su mandato no pudo ser más caótico, constituyó el quinto presidente de la República de Cuba, proclamado “doctor honoris causa” de la Escuela de Derecho siendo casi analfabeto, y apenas un año de haber tomado posesión del poder, proyectó la erección de su estatua.

La ordenanza en cuestión disponía que estuviera vigente todos los años del primero de mayo hasta el 10 de octubre, pero entonces no tuvo mucha aceptación y al año siguiente otro decreto, de fecha 22 de abril, echó abajo su uso.

Sobre el particular, Pérez Doval recordó que no se aplicó más hasta la Segunda Guerra Mundial, cuando las restricciones económicas del período determinaron que se utilizara de nuevo desde 1939 hasta 1945.

En aquella época se le conoció popularmente como la “Hora de Guerra”. Incluso, desde el cinco de abril de 1942 y hasta el 12 de noviembre de 1944 se mantuvo durante 953 días consecutivos, cuando fijó una marca vigente hasta la fecha. Cesó de utilizarse al concluir el conflicto mundial, hasta después del triunfo de la Revolución.

Sin embargo, Pérez Doval mencionó en su trabajo un detalle curioso: la hora del meridiano 75º Oeste de Greenwich, se implantó como Hora Oficial de la República, el domingo 19 de julio de 1925. Con anterioridad a esa fecha, la Antilla Mayor se regía por la hora del meridiano de La Habana.

Aquel día, a las 11 horas con 30 minutos y 37.5 segundos de la mañana, se adelantaron bruscamente los relojes para marcar las 12 del mediodía. Esos minutos se borraron de la historia.

En aquella época, además del cañonazo de las nueve (que sirve aún para ajustar los relojes por la noche), las doce del día se indicaban por el descenso de una bola negra, que se dejaba caer desde un alto mástil instalado en el antiguo Observatorio Nacional de Casablanca, (hoy Instituto de Meteorología), visible desde la bahía y otros lugares cercanos.

Desde hace años, la Oficina Nacional para el Control del Uso Racional de la Energía establece el horario de verano y en esta ocasión, a las 12:00 de la noche del sábado 10, los relojes deberán adelantarse una hora, una práctica internacional con gran impacto en el ahorro de energía, sobre todo en el sector residencial, el mayor consumidor.

En los meses de verano los días son más largos, por lo que resulta factible la modificación del horario sin afectar por la mañana la entrada de los estudiantes a las escuelas y de los trabajadores a sus centros, ya que el inicio del amanecer siempre ocurre antes de las 7:20 de la mañana.

Se trata de aprovechar la luz natural y evitar que coincida en el período de cinco a nueve de la noche, cuando se dispara el consumo, con la cocción de los alimentos.