Las sombrillas devienen parte de los atuendos diarios de los cubanos en toda la geografía de la Isla, por doquier se aprecian esos aditamentos protectores del fuerte sol caribeño y de las impetuosas y sorprendentes lluvias de la etapa primaveral.

Atrás quedaron los años en que solamente las mujeres y niñas utilizaban los parasoles, ahora hombres de diferentes edades los portan porque saben que son muy efectivos para calmar el sofoco del sol tropical.

Quienes las prefieren aseguran que llevarlas a todas partes es una manera práctica de mantenerse siempre a la sombra, algo así como andar con su propio refugio.

La variedad en las sombrillas es muy amplia, existen las de colores enteros y sobrios como azules, negros, grises, preferidas por el género masculino, también hay otras con diseños tradicionales como cuadros y listas.

Pero las que más llaman la atención y gozan de gran referencia en Cuba son las comercializadas por la cadena de tiendas ARTEX, que tienen como rasgos distintivos la exhibición de pinturas de famosos artistas de la plástica, entre ellos, Amelia Peláez, René Portocarrero, Flora Fong, y Zaida del Río, por solo citar algunos.

Pertenecientes a la colección Arte en Casa, esos paraguas mantienen una alta demanda entre la población, por su belleza y calidad, además el diseño mantiene la cúpula amplia y espaciosa, que a su vez la hace más resistente a los vientos. Quienes las usan aseguran que son duraderas.

La historia muestra que las sombrillas fueron diseñadas y desarrolladas hace cuatro mil años por la civilización china donde también se creó su homólogo: el paraguas.

Desde allí llegaron a Persia, Egipto y Grecia; en esta última nación comenzaron a ser de uso exclusivo de las clases nobles, jamás podrían ser llevadas por los sirvientes.

Las sombrillas figuran entre los objetos de uso personal que menos variaciones han tenido en el decursar del tiempo, dibujos con miles de años de antigüedad las muestran iguales a las que actualmente fabrican las empresas modernas.

Ciertamente, la mayor evolución que tienen es el uso de materiales menos pesados, y la sustitución de las antiguas telas gruesas y de algodón por otras sintéticas que las hacen impermeables.

La modernidad las lleva a ser parte de la propaganda comercial y del furor deportivo, en Cuba los colores de los equipos de béisbol, sus siglas y mascotas aparecen cada año en las sombrillas que se fabrican con ese fin, iniciativa loable que da colorido y belleza a los parques beisboleros.

Ese aditamento común, lleno de historia y que una vez fue sinónimo de poder, dinero y nobleza llega al siglo XXI como uno de los más populares y útiles.

Asimismo figura entre los objetos personales que más se extravían, porque es frecuente que sus dueños, de manera inconsciente las abandonen, en ómnibus, bancos de parques, plazas y cafeterías.

En esos casos de olvido, no es hasta que el sol arrecia, o las primeras gotas de lluvia invitan a guarecerse, que el olvidadizo propietario extraña al objeto protector, el cual desde hace milenios anda mano a mano por el mundo.