El 16 de agosto de 1925 fue la fecha escogida por las organizaciones cubanas de inspiración marxista leninista  para  fundar el Primer Partido Comunista, de acuerdo con la estrategia de lucha de la clase trabajadora mundial de la Tercera Internacional, fundada por Vladimir Ilich Lenin en 1919.

Como parte de los pasos para organizar mejor a los trabajadores, que tendrían en el Partido su verdadero representante, días antes se fundó la Confederación Nacional Obrera, con lo cual se establecería el binomio fundamental a favor de la conquista del poder y las reivindicaciones sociales.

A casi un cuarto de siglo de establecida la república neocolonial y después de frustrarse la gesta independentista del pueblo cubano con la intervención yanqui de 1898, lo que fue considerado por Lenin como la primera guerra imperialista del naciente imperialismo norteamericano, las fuerzas revolucionarias y progresistas en la Isla comenzaban lo que se llamó el despertar de la conciencia nacional.

Las ideas de redención social para los trabajadores, explotados también por el colonialismo español, se manifestaron desde el propio inicio de la guerra por la independencia en 1868. Su exponente cimero lo encontramos en Carlos Baliño, líder tabaquero y colaborador fiel de José Martí.

Baliño, ante la frustración del sistema republicano neocolonial, se mantuvo fiel al ideario martiano, a las ideas socialistas y  fue uno de los fundadores del Primer Partido Comunista junto a Julio Antonio Mella, quien representaba lo mejor de la primera generación republicana llamada a iniciar y consolidar una etapa cualitativamente superior del proceso revolucionario cubano, ahora contra el nuevo sistema de dominación imperialista norteamericana en Cuba.

También desempeñó un rol importante en la creación del primer partido el joven polaco Fabio Grobart, revolucionario vinculado a la Tercera Internacional y quien tuvo el privilegio de ver consolidada su obra con el triunfo de la Revolución en 1959.

El líder revolucionario Fidel Castro, en ocasión de celebrarse el 50 aniversario de la fundación de la organización expresó: “Ese Partido surge ya con una clara concepción marxista-leninista en todas las cuestiones fundamentales. Recibe el bagaje y la herencia del movimiento comunista internacional, y especialmente de la Revolución de Octubre.

Había un puñado de hombres que poseían las ideas muy claras acerca de lo que debe ser un Partido marxista-leninista, con una estrategia marxista-leninista, una táctica marxista-leninista y una interpretación de los problemas sociales y políticos marxista-leninista.”

En el orden organizativo y del trabajo práctico fue una hazaña el propio desarrollo del evento los días 16 y 17 de agosto de 1925, cuando los revolucionarios se reunieron y pudieron cumplir con sus objetivos, a pesar de la persecución de las fuerzas del dictador Gerardo Machado, quien hacía méritos con EE.UU al reprimir al movimiento popular y a sus opositores.

Los alrededor de 20 delegados se reunieron en una vieja casa de la calle Calzada, de El Vedado capitalino, en el lugar que hoy ocupa la sala teatral Hubert de Blanck., ante las narices de los cuerpos represivos del gobierno, y entre sus acuerdos fundamentales eligieron el Comité Central de nueve miembros efectivos y cuatro suplentes.

El partido a lo largo de cerca de 40 años se dedicó a divulgar y defender las ideas del socialismo y forjó extraordinarios líderes, muchos de los cuales ofrendaron sus vidas por la causa en diferentes etapas.

Los órganos represivos de los distintos gobiernos anticomunistas de la época de la seudorrepública, instruidos por el gobierno norteamericano, tenían como objetivo de su persecución al Partido, pero a pesar de esas duras condiciones, la organización  supo mantener el ideal marxista leninista y desempeñar un papel en la victoria y consolidación del primero de enero de 1959.

Aquel primer Partido y sus líderes supieron comprender el nuevo liderazgo del proceso revolucionario y en 1961, en aras de la unidad, entregaron la antorcha de la causa socialista al líder revolucionario Fidel Castro y dirigentes y militantes de filas se sumaron al proceso de integración que culminaría en la fundación del nuevo Partido Comunista de Cuba en 1965.