“Eran aviones que venían con la insignia cubana para aparentar que nuestra aviación se había sublevado” recuerda el combatiente George Herrera, uno de los protagonistas del enfrentamiento en esa última localidad, hoy un artemiseño municipio.   

“Cuando empezó el revoleteo por encima del pueblo nosotros estábamos acuartelados porque habíamos acabado de regresar de la limpia del Escambray, donde aniquilamos las bandas de alzados, patrocinadas por la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos”, nos cuenta.

Habla emocionado de la aptitud de la población, que salió a la calle de manera espontánea y respondió al ataque con lo que cada cual tenía a mano: “Los que teníamos fusil u otro tipo de arma de fuego, disparamos  con las balas que nos quedaban, pero el que no, lanzaba piedras y hasta palos”.

Otro combatiente, Rolando Iturria, narra que horas después del bombardeo, reciben la información de que el enemigo atacaba por Playa Girón y hasta allá partió el batallón, para lo cual, una vez más, contó con la respuesta popular que facilitó, incluso, el transporte en el cual se movieron.

“Éramos mil 107 compañeros los que salimos de aquí de San Antonio para Playa Girón, la mayoría no sobrepasaba los 17 años de edad y más que experiencia teníamos valor e ideas revolucionarias de una integración masiva”, afirma Iturria.

Dolorosas anécdotas martillan la memoria de muchos de los combatientes que sin ser militares se enredaron con el enemigo en las arenas de Girón.

Con los ojos húmedos por el recuerdo, Félix Yánez, describe el suceso presenciado en Cayo Ramona, donde se encontraron el cuerpo de un niño de solo cuatro años baleado por los mercenarios, junto a él su madre, quien llevaba otro bebé en el vientre.

1961 era el año de la educación en Cuba, reflexiona Yánez, mientras responde a su propia pregunta, ¿por qué atacarnos?: Porque el imperialismo yanqui sabe que con la palabra también se defienden las revoluciones y las causas justas, y quisieron apagar ese impulso que se le estaba dando a la alfabetización en nuestra patria.

Dentro de las misiones que cumplieron los hijos de San Antonio de los Baños se encontraba el cuidado de las familias carboneras que habitaban la Ciénaga de Zapata, a quienes tenían que proteger de un ataque y del posible robo de sus alimentos, explica el combatiente.

Este batallón capturó a 214 mercenarios, quienes cobardemente se rendían bajo falsos argumentos de haber venido engañados al cumplimiento de la misión, sin embargo, como prisioneros de guerra se les respetaron sus derechos, hasta llegado el momento del juicio, donde las cuentas fueron saldadas.

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