Para entonces todavía regía en nuestro país la Constitución de 1940, la que si bien es cierto tenía un carácter social avanzado para su época, sobre todo el contexto de Latinoamérica, se le habían formulado incontables modificaciones y remiendos generados por la dinámica del proceso revolucionario instaurado desde el 1ro. de Enero de 1959.

Es preciso señalar que nuestra historia está marcada por momentos trascendentales que demuestran el anhelo de los cubanos por el reconocimiento de nuestro Estado, de ahí que una vez iniciada la gesta independentista se aprobaron 4 constituciones, la primera en Guáimaro 1869; Baraguá 1878; Jímaguayú 1895; La Yaya 1897; todas ellas suscritas por la República de Cuba en Armas.

Una vez ocupado militarmente nuestro país por los Estados Unidos se aprueba la Constitución de 1901, con la oposición de figuras independentistas, entre ellos el insigne camagüeyano Salvador Cisneros Betancourt con su Voto Particular de marcado antiimperialismo, ante lo que sobradamente conocemos los cubanos como la Enmienda Platt. Luego sigue la de 1940 ya comentada.

Con apego al designio martiano de establecer una república “Con todos y para el bien de todos” se desarrolla un proceso de elaboración del Proyecto de Constitución, en el que se sintetizaron las experiencias nacionales e incluso de otros países que por entonces enarbolaban las banderas del socialismo.

Alrededor de seis millones 200 mil cubanos mayores de 16 años de edad tomaron parte en la discusión del Proyecto, de manera que, con la discusión popular, quedó enriquecido el documento, con lo que se reafirmaba su carácter profundamente democrático.

"Jamás en toda la historia de nuestra Patria y de nuestro Continente ha sido aprobada una Constitución de contenido tan revolucionario y progresista..." apuntaba Raúl Castro el día que se aprobada definitivamente nuestra Ley Fundamental, el 24 de febrero de 1976, adoptada por referéndum popular con la anuencia de más del 97% de la referida población.

En su esencia, el articulado de la nueva Carta Magna, decretó que Cuba es un Estado socialista de obreros, campesinos, y demás trabajadores manuales e intelectuales, donde todo el poder pertenece al pueblo, donde se realiza su voluntad, y donde todos los ciudadanos gozan de iguales derechos y están sujetos a iguales deberes.

Quedaban sentadas las pautas para las relaciones del Estado con los individuos, las funciones y las facultades de los órganos del poder y de la administración estatal, el campo de acción de los organismos facultados para establecer normas jurídicas...

Nuestra Constitución, dado su carácter de clase y por el sistema socieconómico que la condiciona, establece el sistema de dirección de la sociedad a través del Estado y sus funciones y facultades dada en lo que se denominó institucionalización.

Aquí se decretó instituir los órganos del Poder Popular con el propósito de descentralizar el aparato estatal en todas sus instancias y lograr la participación de las masas en la gestión estatal, entre otros propósitos, con lo que además, se creaban las condiciones para el ejercicio de la democracia socialista con la participación de las masas tanto en los asuntos locales como nacionales.

La Primera Constitución Socialista de América aprobada en Cuba en el año 1976 fue la consolidación jurídica de la victoria del pueblo cubano, la reafirmación de la participación masiva en la edificación de la sociedad, y sobre todo, un reconocimiento al papel dirigente del Partido Comunista de Cuba.

En dos oportunidades, 1992 y 2002 se han introducido reformas a nuestra Constitución, la primera producto del perfeccionamiento del sistema, que incluyó aspectos medulares sobre las gestiones de gobierno de las asambleas provinciales y municipales y la elección de sus delegados, la aparición de los Consejos Populares, y otros capítulos destinados a temas de Extranjería y del Estado de Emergencia.

Las segunda correspondió a la promulgación de la Ley de Reforma Constitucional del 12 de julio del 2002, con el respaldo de ocho millones 198 mil 237 electores, en la que quedaron definidas sus relaciones económicas, diplomáticas y políticas con otro Estado, las que jamás podrán estar sujetas a negociaciones, y menos aún bajo amenaza o coerción de una potencia extranjera, y los más importante, que dejó definido por siempre el carácter irrevocable del sistema socialista, de nuestro socialismo.

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