Camagüey.- Para referir el 10 de octubre de 1868, día marcado como el inicio de la gesta independentista, inicialmente hay que recurrir al pensamiento de quienes aportaron a la formación del sentimiento nacionalista un ideario patriótico que llega hasta nuestros días con firmas luminosas como la del padre Félix Varela, primero en proclamar que Cuba debería ser tan isla en su gobierno como en su geografía, y otros como José de la Luz y Caballero, José Antonio Saco... quienes colocaron en el sendero de la lucha a hombres de la talla de Carlos Manuel de Céspedes, Ignacio Agramonte, Antonio Maceo, José Martí...

Ya desde la primera mitad del siglo XIX la clase esclavista criolla trató de resolver sus problemas económicos, políticos y sociales, unas veces por la línea reformista otras mediante la posible anexión a los Estados Unidos, hasta que finalmente, del sector más radical de la burguesía terrateniente, en particular de las provincias de Oriente, Camagüey y Las Villas, se involucraron en una conspiración por la definitiva independencia, pues la agudización de las contradicciones colonia-metrópoli no daban margen a otra opción que la adoptada por Céspedes para llevar adelante la primera guerra por nuestra liberación nacional.

La liberación de los esclavos para incorporarse a la lucha fue factor decisivo, y lo que explica que la gesta iniciada y desarrollada en el Oriente y parte del Centro de nuestro país, en Occidente encontrara mayor resistencia, dado el temor que inspiraba a los terratenientes la pérdida de sus riquezas, al ser esta la región donde se concentraba poco más del 40 por ciento de los esclavos de todo el país. Oriente, era el territorio que menos esclavos tenía (19%); seguida de Camagüey (21%) y Las Villas un 25%, de ahí que fueran estas tres las regiones involucradas.

La contradicción social evidente entre los terratenientes de ambos regiones del país, derivó posturas diferentes frente al problema de la independencia. Aquel alzamiento del 10 de octubre en La Demajagua, fue secundado por los camagüeyanos el 4 de noviembre en Las Clavellinas y el 6 de febrero del siguiente año por los villareños.

En el plano de liderazgo, fueron Céspedes e Ignacio Agramonte los principales representantes de las concepciones democráticas e independentistas, con tal fuerza y originalidad, que posibilitaron el paso para una evolución posterior al pensamiento revolucionario cubano. A los hombres antes mencionados es preciso añadir a Máximo Gómez, ejemplo de internacionalismo, quien magistralmente supo llevar adelante la contienda; Antonio Maceo, campesino procedente de las capas sociales más bajas y quien llegara a recibir el apelativo de Titán de Bronce por la bravura y valentía mostradas desde los primeros días de combate.

Llegado el año 1878, el gobierno español, consciente de su incapacidad para derrotar a los insurrectos, comenzó a maniobrar con promesas de paz, que poco a poco fueron fructificando luego de un decenio de lucha, hasta que el 10 de febrero de 1878 un grupo de jefes revolucionarios accedió al Pacto del Zanjón.

Pero la Revolución no se detuvo, la independencia y la abolición de la esclavitud continuaron en los sueños e ideales de los cubanos, de ahí que vinieran páginas brillantes como la de la Protesta de Baraguá protagonizada por Antonio Maceo el 15 de marzo siguiente, el desarrollo de la denominada Guerra Chiquita, y la posterior labor de José Martí en los preparativos de la Guerra Necesaria.

"Nuestra Revolución es una Revolución, y esa Revolución comenzó el 10 de octubre de 1868" con esta expresión del Comandante en jefe Fidel Castro, el 10 de octubre de 1968, quedaba ratificado en la Historia de Cuba el carácter ininterrumpido de nuestro proceso emancipador.

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