Al viajero que se adentre hoy en el mayor humedal del Caribe insular, pródigo en carreteras, modernos centros turísticos y establecimientos particulares, le cuesta imaginar el drama acontecido durante los combates que propinaron la primera gran derrota al imperialismo en Latinoamérica.

Ni tan siquiera los libros más veraces logran plasmar todos los matices de aquella gesta, asegura Julio A. Amorín Ponce, historiador del municipio cenaguero perteneciente a la occidental provincia de Matanzas, y situado a más de 180 kilómetros al sureste de La Habana.

Al decir del investigador, los aires de contemporaneidad de la zona se enlazan, en el imaginario popular, con el recuerdo de jóvenes milicianos que derrotaron al enemigo en menos de 72 horas, civiles destrozados por las balas, y el júbilo de los defensores al triunfar aquel 19 de abril de 1961.

Incluso, más de cinco décadas después, se mantiene en secreto buena parte de la documentación oficial sobre el hecho, que tuvo su preludio en la Operación Pluto, plan de agresión organizado, financiado y ejecutado por la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés).

Apenas cuatro meses después de la ruptura de relaciones diplomáticas con Cuba, decidida por Washington, desembarcó en la Isla la fuerza paramilitar con más de mil 500 hombres bien pertrechados, suceso que se explica a los visitantes en el museo local dedicado a la epopeya.

Mercenarios pagados por el gobierno de Estados Unidos no tuvieron escrúpulos al violar convenciones internacionales, cuando usurparon las insignias de la fuerza aérea cubana, y utilizaron Napalm contra los combatientes, pese a estar prohibido el uso de esa sustancia, recuerda Amorín.

Fotografías de la época inmortalizaron el coraje del pueblo de la nación caribeña guiado por el Comandante en Jefe Fidel Castro, líder histórico de la Revolución Cubana, que se impuso a los planes foráneos de crear un gobierno provisional para subvertir el orden interno.

Lo cierto es que el otrora rincón más olvidado de la mayor de Las Antillas, donde la gente vivía en condiciones infrahumanas, fabricaba carbón por míseros jornales y veía morir a sus hijos a causa de hambre y enfermedades, es en pleno siglo XXI más próspero que nunca.

La Revolución que triunfó en 1959 preservó la belleza exuberante del paisaje cenaguero, pero cambió para siempre el destino de sus moradores ofreciéndoles una vida digna, que saben defender incluso en estos tiempos como antes lo hicieron en las históricas arenas de Playa Girón. 

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