Camagüey.- En Guáimaro se había celebrado la Asamblea Constituyente de la República de Cuba en Armas el 10 de abril de 1869, dos días después Carlos Manuel de Céspedes fue investido como su presidente, en tanto según refiere la propia Ana Betancourt, animada por Ignacio Mora, su esposo, Moralitos y Zambrana, presentó una petición a la Cámara, leída por Ignacio Agramonte, en la que solicitaba a los legisladores cubanos que, tan pronto como estuviese establecida la República, concediesen a las mujeres los derechos de que eran acreedoras.

El 14 de abril de 1869 se produce el trascendental acontecimiento sobre el que posteriormente la patriota camagüeyana escribe a su sobrino Gonzalo de Quesada:

Por la noche hablé en un meeting: pocas palabras que se perdieron en el atronador ruidos de los aplausos, creo que fueron poco más o menos las siguientes, Ciudadanos: la mujer en el rincón oscuro y tranquilo del hogar esperaba paciente y resignada esta hora hermosa, en que una revolución nueva rompe su yugo y le desata las alas.

Ciudadanos: aquí todo era esclavo; la cuna, el color, el sexo. Vosotros queréis destruir la esclavitud de la cuna peleando hasta morir. Habéis destruido la esclavitud del color emancipando al siervo. Llegó el momento de libertar a la mujer.

Es importante tener en cuenta que Ana Betancourt no era remisa al movimiento feminista que comenzaba en Europa y los Estados Unidos; según investigaciones, su caso es considerado como vanguardia del feminismo continental al ser el único conocido en Latinoamérica. Las mujeres norteamericanas, inglesas y francesas comenzaron a abogar por sus derechos entre 1868 y 1871, época por la que la internacionalmente conocida Clara Zetkin tenía 12 años, de ahí que no fuera extraño que Céspedes señalara: Una mujer, adelantándose a su siglo pidió en Cuba la emancipación de la mujer.

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