CAMAGÜEY.- Justo ahora, cuando desde los Estados Unidos soplan vientos contaminados con tendencias a la asfixia, los cubanos no podemos olvidar lo que constituyera para nuestra nación el 20 de mayo de 1902, fecha en que se izaba nuestra enseña nacional para fundar una república que nada tenía que ver con la enunciada por José Martí basada en el principio de con todos y para el bien de todos.

Es cierto que la Constitución de 1901 contaba con el respaldo mayoritario de la Asamblea, excepto las históricas oposiciones de Juan Gualberto Gómez y el insigne camagüeyano Salvadpr Cisneros Betancourt, entre unos pocos, mientras otros sucumbieron ante la falsa expectativa de aceptar “de los males, el menor”

Tomás Estrada Palma, quien había sucedido a Martí en el cargo de delegado del Partido Revolucionario Cubano sumía la presidencia del país, al frente de un gobierno al que no le era nada fácil actuar en medio de un territorio prácticamente devastado por más de treinta años de guerra con España, la que terminó con la intervención norteamericana y posterior ocupación militar, evidencia de concretar la consecución de su anhelado de apoderarse de esta tierra.

Previo al acto de instauración de la República, trascendida en la Historia Patria con el apellido de Neocolonial, por cuanto le había sido añadida a su Constitución la Enmienda Platt, con la que quedaba totalmente anulado el espíritu independentista que movió a miles de patriotas a empuñar las armas contra el régimen colonial esclavista español.

Es válido anotar que la mayoría de nuestros compatriotas esperaban que Estrada Palma asumiera la magistratura del país guiado por el patriotismo que lo convirtiera en un aguerrido y valiente Mayor General del Ejército Libertador, y como anotamos al principio, como continuador del legado político martiano.

Muy lejos de ellos estuvo la realidad, agravada porque en la práctica el Primer Presidente de la Neocolonia estaba impregnado de la filosofía capitalista de la libre concurrencia, y deslumbrado por los avances económicos y la sociedad norteamericanos, nos convirtió irremediablemente en una nación dependiente.

Retomo necesariamente la Enmienda Platt, porque ella es parte indisoluble de nuestra historia, sobre la que Fidel apuntara en sus reflexiones El Imperio y la isla independiente: “Lo peor de la Enmienda fue la hipocresía, el engaño, el maquiavelismo y el cinismo con que elaboraron el plan para apoderarse de Cuba”

A Don Tomás Estrada Palma también puede anotársele el calificativo del “primer títere” cubano en manos yanquis; reelecto en 1905, quien creó las condiciones para una nueva intervención militar al año siguiente; antes había afianzado el poder norteamericano en Cuba con el Tratado Permanente de 1903, para en caso de que fuera derogada la Enmienda… como sucedió en 1934, sus amos no perdieran la hegemonía en nuestro territorio, llegada hasta nuestros días con la presencia ilegal yanqui en la Base Naval de Guantánamo.

Uno tras otros, los presidentes que asumieron la gubernatura cubana jugaron en el mismo ruedo que Don Tomás: Charles Magoon (2do. interventor yanqui, 1906-1909); José Miguel Gómez (liberal, 1909-1913); Mario García Menocal (conservador, 1913-1921); Alfredo Zayas Alfonso (liberal, 1921-1925); Gerardo Machado Morales ( liberal, 1925-1933).

A partir de este momento se produce una crisis que implicó el nombramiento interino de varios magistrados: Carlos Manuel de Céspedes y Quesada ( ABC, del 13 de agosto al 4 de septiembre de 1933); la Pentarquía, del 4 al 10 de septiembre de 1933 (Ramón Grau San Martin, Sergio Carbó y Morera, Profirio Franca, Jose Miguel Irisarri y Guillermo Portela); Gobierno de los Cien Días con Ramón Grau San Martín (autenticismo, del 10 de septiembre de 1933 al 14 de enero de 1934); Carlos Hevia (autenticismo del 14 al 18 de enero de 1934); Manuel Marquez Sterling (18 de enero de 1934); Carlos Mendieta Montefurt (Unión Nacional, del 18 de enero de 1934 al 11 de diciembre de 1935); José Agripino Valdés (Unión Nacional, del 11 de diciembre de 1945 al 20 de mayo de 1936); Miguel Mariano Gómez (Unión Nacional, del 20 de mayo al 24 de diciembre de 1936).

A partir de este momento se puede hablar de una estabilidad de poder, sin que ello implicara mejora alguna para la situación del país, que son en sucesión: Federico Laredo Brú (Unión Nacional 1936-1940); Fulgencio Batista Zaldívar (coalición Social Demócrata 1940-1944); Ramón Grau San Martín (autenticismo 1944-1948); Carlos Prío Socarrás (Autenticismo 1948-1952).

El 10 de marzo de 1952 Batista da el connotado Golpe de Estado que lo lleva a establecer en Cuba una de las dictaduras más sanguinarias que conoce nuestra historia, hasta el triunfo de la Revolución.

Como expresé al inicio, los aires contaminados con la Ley Helms -Burton no tienen otro propósito como no sea el de retornar a nuestro país al status de de la primera mitad del siglo XX.

La República Neocolonial, por suerte, llevó en su esencia la inspiración de varias generaciones de cubanos a sostener la lucha por la independencia, a no aceptar la sumisión, la humillación, las miserias que con posterioridad al 1ro. de enero de 1959 no sufrimos más, y que es preciso no olvidar ni obviar, so pena de volver a transitar el mismo camino.