CAMAGÜEY.- La Revolución Cubana inició hace 150 años, cuando el 10 de octubre de 1868 se alzaron los orientales, encabezados por Carlos Manuel de Céspedes en La Demajagua. El 4 de noviembre lo hicieron los camagüeyanos, en Las Clavellinas, y el 6 de febrero del siguiente año, los villareños.

Fueron Céspedes e Ignacio Agramonte los principales representantes de las con- cepciones democráticas e independentistas, con tal fuerza y originalidad, que impulsaron la evolución posterior del pensamiento revolucionario cubano. Máximo Gómez, dominicano ejemplo de internacionalismo, y Antonio Maceo, quien ganó el apelativo de Titán de Bronce por la bravura desde los primeros días de combate, son hombres relevantes del proceso redentor, como muchos otros.

Aciertos y contradicciones, momentos de unidad y de disparidad conforman nuestra historia, sobre todo, porque no siempre hubo similitud de criterios en torno a cómo dirigir la Revolución. Y mientras en el centro y oriente se peleaba heroicamente, en Matanzas, La Habana y Pinar del Río, con los mayores ingenios de Cuba, los grandes propietarios de tierras y de esclavos se mantuvieron al lado del poder colonial.

Llegado el año 1878, el Gobierno español, consciente de su incapacidad para derrotar a los insurrectos, comenzó a maniobrar con promesas que poco a poco fructificaron luego de un decenio de luchas, hasta que el 10 de febrero un grupo de jefes revolucionarios accedió a pactar la paz sin independencia y sin abolición de la esclavitud en El Zanjón.

El 15 de marzo siguiente Maceo protagoniza la más sobresaliente página de intransigencia con su Protesta de Baraguá, hasta que no tiene otra alternativa que ir al exilio.

Tras la denominada Guerra Chiquita, entre el 24 de agosto de 1879 y el 3 de diciembre de 1880, con alzamientos en territorios de Oriente y Las Villas, bajo el liderazgo de Calixto García, vivimos la Tregua Fecunda. Entonces, Martí nos fundó el Partido Revolucionario Cubano para unirnos en la lucha Necesaria; la misma que no triunfó en 1898 ni en 1901, pero no dejó de pelearse en los brazos de Varona, Villena, Guiteras, Roa, Mella… Fidel.

La que hoy se pelea a diario y se levanta en sus mejores hijos luego de los embates de un huracán suelo adentro o de un terremoto en tierras lejanas, la que se hace desde las aulas donde se forja un obrero o un científico, la que se reconstruye a pesar de todas las pruebas.

Nuestra Revolución, la de Céspedes, que es la misma de Fidel, llega a sus 150 años. Desde estas páginas, cada sábado de octubre mostraremos la rebeldía que nos singulariza, los aportes a esa contienda desde la camagüeyanidad que sigue dando guerra.