CAMAGÜEY.-Entre los días 16 y 17 de agosto de 1925 se efectuó en la ciudad de La Habana, el Primer Congreso de las agrupaciones comunistas surgidas en varias localidades del país en 1923, con el objetivo de constituir el primer Partido Comunista, con afiliación ideológica marxista-leninista.

Entre sus 18 delegados e invitados descollaron dos relevantes figuras: Carlos Baliño, compañero de José Martí y participante en la fundación del Partido Revolucionario Cubano en 1892 y Julio Antonio Mella, destacado e indiscutible líder juvenil comunista; presentes también comunistas de otras naciones.

Fue así que pasó a la historia de la nación cubana un hecho trascendental por varias razones: surgió el Partido que sería el continuador y representante de los más puros ideales del pueblo y los trabajadores cubanos, que conjugaría ideales estratégicos para la lucha revolucionaria, la unidad, la independencia de Cuba y la eliminación de la explotación capitalista.

Este Partido independientemente de las vicisitudes, obstáculos y coyunturas adversas para el desarrollo de su programa, nunca dejó de estar al lado de las causas justas, expresando también su solidaridad a los pueblos del mundo ante diferentes acontecimientos, como por ejemplo la Guerra Civil Española, la agresión fascista en Europa, devenida II Guerra Mundial, entre otros.

Los integrantes del primer Partido Comunista de Cuba sufrieron las más crueles persecuciones, hostigamientos, represiones. Uno de los grandes ejemplos del ensañamiento contra los militantes comunistas fue el asesinato de Julio Antonio Mella, el 10 de enero de 1929, en Ciudad México, por sicarios pagados al servicio del dictador Gerardo Machado.

Durante la neocolonia (1902-1959), disímiles conflictos y contradicciones marcaron momentos claves en las decisiones de los partidos políticos que coexistieron, diferentes tendencias caracterizaron un escenario político complejo, donde por un lado se debatían el entreguismo, el sometimiento al gobierno yanqui, las vacilaciones, las prácticas corruptas de gobernantes y por otro las posiciones defensoras de los ideales patrióticos contra esas manifestaciones, las que tuvieron en el Partido Comunista un firme exponente.

De todos los partidos existentes en la Cuba pre-revolucionaria, el Partido Comunista, posteriormente denominado Partido Socialista Popular, el Directorio Revolucionario 13 de Marzo y el Movimiento 26 de Julio, conformaron las tres fuerzas rectoras que juramentaron “…liberar a la Patria de esa plaga infernal” y que posterior al triunfo de enero de 1959, se fundieron en una sola fuerza política que devendría partido único para la conducción de la construcción del Socialismo, primero las ORI (1961), luego el Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba (1963) y que en 1965 adoptó el glorioso nombre de Partido Comunista de Cuba.

Hoy continúa siendo el Partido único que conduce los destinos de la nación, hacia un proyecto social que además de demostrar que es el más avanzado, a pesar de sus contratiempos, adversidades, imperfecciones e insuficiencias, es la única alternativa al declinante, corrompido régimen capitalista, condenado por la historia a desaparecer, por la voluntad y el accionar de las fuerzas revolucionarias.

El aniversario 93 de la fundación del primer Partido Comunista constituye un momento propicio para rendir homenaje a sus fundadores, resaltar el cumplimiento del legado de la proclama martiana: “A los cubanos” (1) y que constituye base piramidal para defender el principio que emana de su medular contenido: “¡Cubanos! No hay más que un partido: ¡el de la honra! No hay más que una riqueza: ¡la de la virtud!”.

Este postulado convoca a la reflexión para comprender por qué a lo largo de la historia revolucionaria, en el presente y en el futuro, solo un partido que se erige en la honra y en la virtud, puede ser artífice y conductor de unidad, aglutinador de pueblos, como se ratifica y se expresa de forma enriquecida, en el Artículo 5 del Proyecto de Reforma Constitucional:

“El Partido Comunista de Cuba, único, martiano, fidelista y marxista-leninista, vanguardia organizada de la nación cubana, sustentado en su carácter demo­crático y la permanente vinculación con el pueblo, es la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado. Organiza y orienta los esfuerzos comunes hacia la construcción del socialismo. Trabaja por preservar y fortalecer la unidad patriótica de los cubanos y por desarrollar valores éticos, morales y cívicos”.

Al valorar la profundidad, la dimensión y la proyección que encierra la misión del Partido Comunista de Cuba, en el contenido de ese artículo, viene a colación otro postulado que complementa la comprensión, al decir del líder del proletariado mundial Vladimir Ilich Lenin, cuando al referirse al partido de nuevo tipo fundado por él, el Partido Comunista Ruso, sentenció: “El partido es la inteligencia, el honor y la conciencia de nuestra época”; legado que en nada ha perdido su vigencia, al sintetizar ideales de justicia que solo el Socialismo es capaz de materializar por sus insustituibles protagonistas: los pueblos.

Muchos son los referentes donde el líder histórico de los cubanos, Fidel Castro Ruz, trató la misión del Partido en la conducción de la construcción del Socialismo: “El Partido existe per se, como instrumento de la Revolución y mantendremos, además, inconmovible el principio de Partido único, que no nos vino solo de Lenin, nos vino también de Martí cuando fundó el Partido Revolucionario Cubano para la independencia de Cuba, y no hizo tres ni diez, sino uno para dirigir la Revolución y la lucha por la independencia del país”(2).

Citas:

  1. José Martí; Editorial Nacional de Cuba. La Habana, 1963. O.C. T-1. Página: 158.

  2. Fidel Castro Ruz. Discurso en Sesión Extraordinaria de la ANPP; 20 de febrero de 1990.