CAMAGÜEY.- Los cubanos celebramos hoy el Día de la Rebeldía Nacional, conmemoración instituida así por haber ocurrido en una fecha como esta los asaltos a los cuarteles Moncada, en Santiago de Cuba y Carlos Manuel de Céspedes, en la oriental ciudad de Bayamo, el 26 de julio de 1953.

Fue una acción comandada por Fidel Castro Ruz, e integrada por más de un centenar de jóvenes, con el objetivo de derrocar la dictadura de Fulgencio Batista.

En el andar fatigoso y creador de estos 65 años transcurridos de aquel acontecimiento, que desde el punto de vista militar no resultó un golpe exitoso, no solo hemos sido capaces, sin el menor chovinismo, de levantar esta maravillosa obra que es la Revolución, sino que también hemos logrado transformarnos en mejores personas, con humanos y solidarios sentimientos más elevados, aún con nuestras virtudes y defectos, porque todavía no alcanzamos la estatura del hombre nuevo que nos exigió el Guerrillero Heroico, Ernesto Che Guevara.

Cierto que no hemos estado solos en el bregar contra adversidades en estas seis décadas y media, en las cuales hemos enfrentado y derrotado no solo agresiones militares, como la de los mercenarios que organizó y financió el Gobierno de los Estados Unidos por Playa Girón en 1961, sino también hemos logrado burlar su criminal bloqueo diplomático, comercial y financiero, que ya dura más de 55 años, y todo ello porque no nos ha faltado la mano amiga en los momentos más difíciles, y nunca renunciamos a defender nuestra obra hasta con la propia vida.

Si Cuba es hoy más que un punto geográfico en el espacio terrestre, es porque hubo un 26 de julio que desencadenó una revolución triunfante en enero de 1959 y porque un hombre excepcional como Fidel Castro fue capaz de organizarla, de liderarla en el combate armado contra la dictadura proimperialista de Batista y porque supo conducirla hasta nuestros días con sus enseñanzas, su inteligencia y su valentía, a pesar de la hostilidad agresiva del imperio más poderoso que ha existido hasta ahora sobre la tierra.

La historia escrita en todos estos años, a los que hemos logrado vivirla nos parece que comenzó ayer cuando aún sonaban los tiros contra las paredes del Moncada y del Carlos Manuel de Céspedes y una pléyade de jóvenes ofrendaba su vida en desigual combate contra la soldadesca de la tiranía que se ensañó contra los heridos y prisioneros, asesinándolos brutalmente.

No obstante, en estas décadas transcurridas las transformaciones alcanzadas por la Revolución han hecho de la Isla antillana una nación en la que se ha construido una obra monumental que borró totalmente su pasado de explotación y miseria, y se continúan multiplicando los esfuerzos por alcanzar el desarrollo económico, social y espiritual que eleve el nivel de vida del pueblo, y parejamente con ello nos permita ofrecer a otros pueblos hermanos la solidaridad desinteresada de la que nos impregnó nuestro líder Fidel.

Como proceso natural irreversible de aquellos hombres del 26 de Julio muchos ya no están con nosotros como tampoco lo está físicamente Fidel, quien fue el genial conductor de esa acción y de todas las etapas posteriores que desencadenó ese hecho militar para cambiar todo lo que debía ser cambiado y forjar en Cuba una sociedad socialista más justa y una nación soberana e independiente.

Ahora, toca el turno a los continuadores, y la generación histórica, que libró invicta todas las batallas contra el principal enemigo, el imperialismo norteamericano, entrega la antorcha a la juventud que ha dado pruebas de que es capaz de mantenerla encendida y continuar esparciendo su luz en la Patria y en el irredento subcontinente latinoamericano y caribeño que hoy lucha por lograr libertad y bienestar para sus pueblos.