Aquel 28 de mayo de 1957 sería el último de sus vidas, pues lo sintieron en la mirada vil y cobarde de quienes apretaban sus manos enrolladas en alambre de púas y lo confirmaron en la voz del locutor de radio que difundía la noticia de sus muertes en supuesto combate.

Se trataba del crimen premeditado contra 16 expedicionarios del Yate Corynthia, al norte de la provincia de Oriente, por fuerzas al mando del sanguinario coronel del ejército batistiano, Fermín Cowley Gallegos, jefe del regimiento de Holguín.

Cinco días antes esta avanzada había desembarcado por Cayo Saetía, perteneciente hoy al municipio holguinero de Mayarí, mediante la colaboración de pescadores y conducidos hasta la playita de “La llanita”.

La nueva fuerza, que tenía como principal misión establecer un grupo guerrillero en la Sierra Cristal, fue preparada por la Organización Auténtica del ex mandatario cubano Carlos Prío Socarrás, fuera del poder desde marzo de 1952 por un golpe de Estado que le propinara Fulgencio Batista.

El frente que apoyaría al derrocamiento de las fuerzas del dictador debía asentarse en una comunidad cercana a la localidad de Baracoa, en la costa oriental de la Isla, bajo el mando del revolucionario Calixto Sánchez White.

Sin embargo, la operación estaba destinada al fracaso desde que la traición ensombreciera la nobleza de esta misión, perfectamente conocida por el ejército, que tenía la orden expresa de no permitir ni heridos ni presos.

La ausencia de un guía que los condujera por aquellos caminos desconocidos, junto al agotamiento físico, la fatiga y las dolorosas llagas en sus pies conspiraron contra los expedicionarios, como una de las causas de su fracaso de convertirse en una fuerza más de apoyo a las columnas del Ejército Rebelde.

El factor sorpresa, hasta ese momento su carta de triunfo, no fue lo suficientemente aprovechado por Calixto Sánchez al pedir a los lugareños que dieran parte a las autoridades para no correr peligro alguno, según relata luego el combatiente e historiador William Gálvez.

De los 27 que arribaron inicialmente, algunos fueron quedando rezagados en la marcha, y muchos llegaron a huir incluso del lugar, de modo que entre los sobrevivientes, solo Fernando Virelles se sumó a las tropas del Ejército Rebelde.

Monte Santo fue el último lugar que pisaron tierra como hombres libres, pues allí los apresaron y condujeron hasta Arroyo la Marea, en Cabonico, donde fueron ametrallados junto a un naranjal.

Los del "Corynthia" tenían como propósito esencial formar en la Sierra Cristal, al norte del territorio oriental, un nuevo frente guerrillero independiente al que ya existía en la Sierra Maestra comandado por el Fidel Castro Ruz.

Contrariamente a lo que pensaron sus asesinos, los sueños de libertad y justicia de los expedicionarios no quedaron en aquellas vidas sesgadas cobardemente sino que se hicieron cada vez más firmes entre los revolucionarios del llano y las montañas, y se concretaron un año y medio más tarde con el triunfo de la Revolución Cubana, el primero de enero de 1959.

Sería aquel 28 de mayo de 1957 cuando se escribió una de las páginas más sangrientas de la historia de Cuba: el asesinato premeditado de los miembros de aquella expedición por órdenes cumplidas bajo el mando del coronel del ejército batistiano Cowley Gallegos.