CAMAGÜEY.- Una mezcla de tristeza, pero a la vez de alegría, es advertida cuando se leen las cartas o mensajes entrecruzados por José Martí con su hijo José Francisco, y algunos de los escritos enviados a él por la camagüeyana Carmen Zayas Bazán, su esposa.

No hay mejor fecha para recordar algunos de estos pasajes que la proximidad del aniversario 165 del natalicio del más universal de los cubanos.

La primera referencia, al menos pública sobre su hijo es perceptible en la antológica obra Ismaelillo, publicada en Nueva York en 1892. Al decir de Cintio Vitier, en la imagen de José Francisco él descubre una nueva vocación humana y fuente de inspiración poética y existencial.

Es una interpretación profunda que solo sabía hacerlo Martí: “Hijo soy de mi hijo, él me rehace”.

El 19 de mayo de 1895 muere el Héroe en Dos Ríos. Ismaelillo, que solamente vivió cincuenta y dos espaciados meses de su vida junto al padre, no pudo menos que exclamar, ante la infausta noticia, en carta dirigida a Gonzalo de Quesada y Aróstegui, lo siguiente: “Soy hijo y todo lo suyo me es sagrado”.

Referencias históricas señalan a Gonzalo de Quesada, un cubano culto y abnegado, como un hombre de infinita devoción por José Martí, y en consecuencia entregó a los cubanos de todos los tiempos, la gran obra intelectual del Maestro, desconocida prácticamente en la Cuba que nacía y en peligro de ser tergiversada.

En opinión de Eusebio Leal Spengler, director de la Oficina del Historiador de La Habana, esa expresión de su hijo “es una identificación plena con Martí, ausencia de rencores, total afecto y verdadero amor por su progenitor”.

Y añadía que a pesar de que era una familia, no siempre reunida producto de la labor de Martí, era evidente que el padre siempre adoró al pequeño y mantuvo permanente contacto con él, mientras el menor manifestó desde niño devoción por su papá.

¿Quieren más demostración del acercamiento hijo-padre que la carta enviada desde Puerto Príncipe el 7 de agosto de 1886?

“Papá, yo te quiero mucho. Cualquier cosa que tú me mandes me gustará mucho. Mamá sabe que nunca pasa un día sin acordarme de ti. Dicen que soy tu retrato y estoy contento. Muchos besos de tu hijito, Pepe”.

Esta referencia aparece en el libro José Marti: Destinatario, compilado por Luis García Pascual, segunda edición del año 2005 de la Casa Editora Abril, específicamente en la página 178.

El 1ro. de abril de 1895, Martí escribió a su hijo una carta de despedida, cargada de ternura y dolor por partir hacia Cuba, misiva en la que le mencionó que le deja como recuerdo suyo la leontina, es decir, la cadena colgante para sujetar el reloj del bolsillo.

Nunca traicionó el pensamiento de su padre, sumándose a la lucha independentista y en la que desempeñó un papel recogido en los anales de la historia.

Muchos pasajes quedan por contar del regreso a Cuba de José Francisco con Carmen Zayas Bazán, mientras estando en Venezuela en 1881 escribió el libro dedicado al hijo. Lo tituló: Ismaelillo, con un contenido de amor y veneración: “Hijo espantado de todo me refugio en ti”. No por gusto lo llamó “mi reyecillo”, “mi dueño”, “mi despensero”.

Cuántas frases tan hermosas dijo. Cito. En carta a Charles A. Dana en 1882, expresa: “...mi hijo es mi sueño”, y refiriéndose al libro que escribió, dedicado a él, subraya: “...es la novela de mis amores con mi hijo”.

En otra misiva, pero esta también a un amigo, Agustín Aveledo, al hablarle acerca del mismo tema especificó: “Yo no vendo este libro: es cosa del alma (…) pensando en mi hijo se me llena el pecho de jazmines”.

Carmen encontró espacio en el corazón de Martí. El 23 de mayo de 1876, cuando ya había iniciado sus relaciones, dedicó cálidos versos a la joven camagüeyana, publicados en El eco de ambos mundos, de México.

Uno de ellos dice:

Es tan bella mi Carmen, es tan bella,

Que si el cielo la atmósfera vacía

Déjase de su luz, dice una estrella

Que en el alma de Carmen la hallaría.

Bautismo en la soledad, biografía de Carmen Zayas Bazán, esposa de José Martí, de Mirtha Luisa Acevedo y Fonseca, publicada por la Editorial Ácana en el 2016 , es una obra que recomiendo su lectura porque nos presenta a esta mujer en toda su dimensión. A mi juicio, una reinvindicación de la mujer que Martí escogió por esposa y madre de su hijo.

Del espitolario que aparece en Bautismo en la soledad escogí una carta de ella. Dice:

Pepe:

Yo no tengo solo tu carta en el corazón, tengo tu imagen grabada en mi mente, tu voz y tus miradas me queman, pues te adoro con delirio de un corazón puro!!! Ámame como yo te amo. Yo juro adorarte hasta la muerte (…).

A pesar de mi poca experiencia y edad tengo la desgracia de dudar de todo, pues he visto tantos corazones marchitos muy temprano por los desengaños. Tanto vi que tengo temores, más cuando me dices que quizás, tal vez, me quieras firmemente, esto es terrible. Cuando entusiasta esperaba leer en tu carta frases amorosas solo encontré duda y frialdad. Te ruego seas más amoroso en otras (…) Tuya, Carmen.