Joaquín de Agüero y Agüero. Imagen: Tomada de ecured.cuJoaquín de Agüero y Agüero. Imagen: Tomada de ecured.cuCAMAGÜEY.- A Joaquín de Agüero y Agüero, de cuyo nacimiento conmemoramos el bicentenario el próximo 15 de noviembre, la historiografía cubana debe ofrecerle un mejor tratamiento, pues no conozco un libro de texto de la asignatura Historia de Cuba donde no sea considerado como uno de los representantes de la corriente anexionista del siglo XIX.

Gracias a investigaciones publicadas por prestigiosos intelectuales locales, los camagüeyanos tenemos la certeza de que a este hombre desde muy joven le corría por las venas el independentismo. Uno de los momentos que marcan esa posición es en fecha tan temprana como el 3 de febrero de 1843, cuando concede la libertad a sus ocho esclavos ante el notario José Rafael Castellanos.

Unas semanas posteriores, la noche del 27 de marzo, la dotación del ingenio Alcancía, de Cárdenas, provincia de Matanzas, compuesta por más de 250 esclavos, se levantó en armas, lo que desencadenó acciones similares en otros ingenios y entre los esclavos que trabajaban en el ferrocarril de la zona, todo ello finalmente frustrado por la intervención sanguinaria de las autoridades españolas.

Refiero el incidente porque Joaquín de Agüero, temeroso de que la acción libertadora de sus esclavos fuera mal interpretada, decidió marchar con su familia a su finca; no obstante, tuvo que comparecer ante el teniente gobernador Francisco de Paula Albuquerque y aclarar que en su caso no mediaba presión alguna, salvo motivos de conciencia, acto por el que quedó sometido a vigilancia, con una hostilidad tal que en junio abandonó el país. Transcurridos tres meses regresó y fue detenido en la Sala Capitular y liberado solo al quedar como su fiador, su concuño, el Lic. Manuel de Jesús Arango, alcalde ordinario.

El año anterior había fundado una escuela pública gratuita en Guáimaro, en la que impartía clases, sin distinción de alumnos, que marca su posición antiesclavista. En abril de 1848 viaja a Islas Canarias en interés de propiciar la inmigración blanca como fuerza de trabajo, gestión fracasada ante las trabas de quienes, bajo la anuencia de la metrópoli, preferían la lucrativa trata negrera.

De regreso aprovechó cualquier oportunidad para conspirar. En 1849 se encontró entre los fundadores de la Sociedad Libertadora de Puerto Príncipe, junto a otros que antes conspiraban en la Cadena y de los Soles y Rayos de Bolívar.

Fuentes consultadas recogen que uno de los “volantes” de la labor propagandística de la Sociedad Libertadora, que divulgaban la necesidad de rebelarse contra el régimen, con fecha del 20 de febrero de 1851 es un emotivo llamado a empuñar las armas, probablemente de la autoría de Joaquín de Agüero, firmado con una “F”, letra inicial de Franklin, su nombre de guerra, donde se manifiesta que había llegado el momento de probarle a España “lo que somos, lo que podemos y lo que valemos”.

El 4 de julio de 1851 fue redactada y proclamada en San Francisco de Jucaral el Acta de Independencia, por vez primera en Cuba, con Joaquín de Agüero como principal protagonista; y organizado ese alzamiento revolucionario por esta Sociedad, sin relación alguna con la fecha de la declaración de independencia de los Estados Unidos, pues en realidad estaba previsto para días posteriores.

“De hecho y de derecho nos constituimos en abierta rebelión contra todos los actos o leyes que emanen de nuestra antigua metrópoli: desconocemos toda autoridad de cualquier clase y categoría, cuyos nombramientos y facultades no traigan su origen en la mayoría del pueblo de Cuba”, aducía el documento.

Aquel intento emancipador no fue más allá de la acción rebelde, en la que medió el enfrentamiento de una decena de cubanos contra 150 españoles en San Carlos de Melilla, de donde salieron ilesos además de Joaquín, Fernando de Zayas, Miguel Benavides, y Tomás Betancourt, quienes días después fueron apresados y fusilados el 12 de agosto en la sabana de Beatriz Méndez, actual plaza que lleva el nombre del héroe principal del acontecimiento, de quien todos los camagüeyanos debemos sentirnos orgullosos y dignificar su nombre entre los principales precursores de la Patria.