Este último día, el patriota camagüeyano liberó a ocho esclavos de su propiedad heredados de la familia, a los que les entregó tierras, aperos de labranza y dinero para que en lo adelante vivieran y sustentaran a sus familias con el fruto de su trabajo.

El hecho provocó que el jefe político y militar de la jurisdicción le interrogara sobre los motivos parta semejante acto, a lo que Agüero le respondió hacerlo: “Cumpliendo un deber de humanidad y de conciencia”.

Meses antes había fundado una escuela pública para la enseñanza gratuita, acción que contó con el apoyo de un grupo de vecinos del poblado de Guáimaro.

Por eso no es de extrañas que él y el grupo de patriotas que le acompañaron en el acto de rebeldía, se pronunciaran por el propósito de ver a Cuba libre del régimen colonial español.

Tal fue la convicción que finalmente Joaquín y otros tres camagüeyanos, Fernando de Zayas, Miguel Benavides y Tomás Betancourt, no se doblegaran y finalmente fueran fusilados el 12 de agosto de ese mismo año.

La Historia de Cuba aún le debe a este hombre el lugar que merece, pues sin desestimar el mérito de los iniciadores de la gesta independentista el 10 de Octubre de 1868, el ejemplo de Joaquín de Agüero debe trascender el espacio de los camagüeyanos.

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