CAMAGÜEY.- Un día como hoy, pero de 1819, nació en Bayamo Carlos Manuel de Céspedes, quien con sus luchas libertarias se convirtió después –para honor de la historia-- en el Padre de la Patria.

Este revolucionario, al que José Martí calificó de hombre de mármol, dejó sus huellas indelebles en El Camagüey. Su virtuosismo hacia esta región sobresale en la Asamblea Constituyente de Guáimaro del 10 de abril de 1869, fecha en que los parlamentarios de la época iniciaron las sesiones de trabajo.

A Céspedes hay que recordarlo en los diferentes viajes que realizara a esta zona, rica para la explotación ganadera y donde se iba sembrando el germen de ferias agropecuarias, vigentes hoy día en diferentes plazas de Cuba.

El insigne revolucionario también tuvo sus dotes de compositor musical. El 7 de diciembre de 1865 su obra, La Conchita, fue cantada en Guáimaro ese día, dedicada a una dama de esa localidad.

Fascimiles: Cortesía de Desiderio Borroto Fascimiles: Cortesía de Desiderio Borroto

Según el cronista Francisco de Arredondo y Miranda la pieza se interpretó en esa ocasión por primera vez, cuando aún Céspedes no ostentaba el reconocimiento de Padre de la Patria.

Muchos volúmenes de la trayectoria suya pudieran escribirse, de la humildad con que acogió la destitución al cargo de presidente, adoptaba por la Cámara de Representantes, y su vuelta a San Lorenzo, donde murió defendiendo sus ideales.

En su bregar amoroso contrajo nupcias con la camagüeyana Ana de Quesada. Poseyó otras virtudes relacionadas con la diplomacia cubana, los derechos humanos en la guerra, la creación de la Marina de Guerra y el apego por la numismática.

La consagración de Céspedes como Padre de la Patria aparece consignada en la carta que enviara el 2 de junio de 1870 al Capitán General de la Isla, Caballero de Rodas, en respuesta a la solicitud que le hiciera el oficial español para que depusiera la lucha a cambio de la vida de su hijo Amado Oscar, quien fue fusilado en El Camagüey el 29 de mayo de 1870.