CAMAGÜEY.- Eduardo Chibás fue un hombre de mucho arraigo en Cuba por su pensamiento progresista. En Camagüey dejó sus raíces y por miles se contaron los simpatizantes, provenientes de diferentes posiciones sociales, pero con un denominador común: el símbolo de la vergüenza contra el dinero.

En el índice histórico de la provincia de Camagüey (1899-1952) se señala que el primero de julio de 1940: “Los delegados a la Asamblea Constituyente de Cuba se trasladan a Guáimaro para el acto de la firma de la nueva Constitución. La solemnidad de la ceremonia se ve alterada por un incidente: Eduardo René Chibás (Eddy), con su acostumbrado civismo y natural rebeldía, es quien levanta una voz airada.

“Ocurre en el momento que es llamado a firmar, pues los delegados lo van haciendo en orden alfabético. Ante el asombro de todos, Chibás declara que se niega a firmar. Dice que es indigno para él, firmar ese documento histórico, cuando está presente un individuo que es un asesino a las órdenes de Batista.

“Se trata de un capitán del Ejército Constitucional, a quien Chibás señala por su nombre. Por este gesto, está a punto de perder la vida, por lo cual necesita ocultarse, y salir de Guáimaro a escondidas”.

No olvidemos que desde el 8 de diciembre de 1941, Cuba se hallaba en estado de guerra con los países del eje Roma-Berlín y que desde enero de 1942, Estados Unidos estableció una base en el aeropuerto Ignacio Agramonte.

Los aviadores yanquis frecuentaban la ciudad, igual que lo hicieron los marines 20 años atrás, protagonizaban escándalos públicos en que el ron y el whisky se erigían como detonantes.

Por azar de la vida llegó a mis manos una carta original, suscrita por Chibás el 12 de mayo de 1948, dirigida al Sr Antonio Fernández Alfonso al aeropuerto Ignacio Agramonte con un alto valor documental e histórico.

El Senador del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo) escribió: “Agradezco muy de veras sus palabras de sincero aliento para la dura lucha electoral que se avecina, así como la espontánea y valiosa cooperación que me brinda.

“No ignoramos que ante nosotros tenemos una dura jornada que rendir, pero nos alienta mucho la fe que nos inspiran las virtudes cívicas del pueblo de Cuba”.

En septiembre de 1945 se gestaron patrañas para ensombrecer la figura de Ramón Pereda Pulgares, del Partido Revolucionario Cubano, embrión de lo que sería después el Partido Ortodoxo, de Chibás. Él, desde la capital del país siguió el amañado proceso contra el joven chofer, nativo de Cascorro, a unos 50 kilómetros de Camagüey.

El 22 de mayo de 1947 fue un día fatídico. Víctima de un accidente automovilístico cerca del hospital Amalia Simoni, Pereda perdió la vida junto con su  hijo Ramoncito, de solo dos años.

Desde La Habana viajaron expresamente para los funerales Eduardo R. Chibás y el Doctor Manuel Bisbé. Ambos hablaron, el primero despidió el duelo y el segundo, pronunció un discurso necrológico ante unas 20 000 personas que acompañaron el cortejo fúnebre.

La agitación política de los que se inclinaban por eliminar la corrupción gubernamental se vio concretada el 21 de mayo de 1948 en un mitin de ortodoxos en la antigua Plaza de la Merced, (hoy Plaza de los Trabajadores). Concurrió Chibás, quien en ese momento fungía como candidato presidencial.

De Chibás mucho se habló y nunca queda en el olvido. El propio Fidel a una pregunta de Ignacio Ramonet aseguró: “…era el líder de un partido popular, le digo que combatía mucho el robo, la especulación, la corrupción. Constantemente denunciaba. A Batista lo denunciaba con mucha frecuencia.

“La muerte dramática de Chibás —aseguró Fidel— dio gran fuerza al partido fundado por él, pero la ausencia de su denuncia facilitó el golpe de Batista, a quien mantenía en jaque con su látigo… era una figura popular capaz de ofrecer fuerte resistencia a una acción golpista del usurpador”.

Fueron tan profundas las raíces que dejó Chibás en esta provincia, que cientos de camagüeyanos viajaron a la capital en 1951 a su sepelio, consideradas como las honras fúnebres más masivas de la época.

Fotocopias: Alejandro Bonet PiñónFotocopias: Alejandro Bonet Piñón