Foto: Tomada de encaribe.orgFoto: Tomada de encaribe.orgPara el Doctor Tomás Romay Chacón (1764-1849), quien hizo grandes aportes a la salud y en especial introdujo la vacunación en Cuba, "la Medicina es la ciencia más útil a la humanidad”.

Este precursor del movimiento científico en el país, desde que figuró entre los fundadores y redactores principales del Papel Periódico de La Habana en octubre de 1790, hasta su fallecimiento el 30 de marzo de 1849, tuvo una vida vinculada a sucesos que marcaron hitos en el desarrollo de la sociedad cubana de la época, bajo el patrocinio del colonialismo español.

En junio de 1792 alcanzó el título de Doctor en Medicina en la Universidad de La Habana, y estuvo entre los miembros más prominentes de la Real Sociedad Económica de Amigos del País, de la cual llegó a ser su director en 1842.

Romay Chacón fue el representante en esa famosa institución de los proyectos de modernización de la enseñanza en la carrera en la Isla, al introducir nuevos métodos basados en la observación y la práctica, además de promover el aprendizaje con renovadores conceptos de la clínica y la anatomía.

Cuando el cinco de abril de 1797, y ante los integrantes de la referida Real Sociedad, leyó su trabajo Disertación sobre la fiebre maligna llamada vulgarmente vómito negro, enfermedad epidémica de las Indias Occidentales, su nombre cobró celebridad dentro de la naciente intelectualidad de la poderosa burguesía criolla.

Esa obra constituye el primer estudio científico sobre la fiebre amarilla publicado en la Antilla Mayor, y por tal motivo un año después resultó elegido Académico Correspondiente de la Real Academia de Medicina de Madrid.

Tomás Romay, con el apoyo del obispo Juan José Díaz de Espada, se opuso a la práctica de enterrar los cadáveres en las iglesias y dentro del perímetro urbano, por considerarla poco higiénica, motivo por el cual impulsó la construcción del primer cementerio que tuvo La Habana, el de Espada, inaugurado en 1806.

Cabe resaltar que lo que glorificó su apelativo fue el haber introducido y difundido la vacuna contra la viruela en Cuba. Unos cuatro años después de ser descubierta por el científico inglés Edward Jenner, Tomás Romay la aplica por primera vez el 12 de febrero de 1804.

En un histórico gesto de valor y fe en sus conocimientos, vacunó a sus dos pequeños hijos y luego en una demostración pública les inoculó el pus de un paciente con viruela, para demostrar que una persona vacunada no contraería la enfermedad aún cuando se le introdujera el virus activo de un individuo atacado por ese flagelo.

Durante más de tres décadas y consciente de su responsabilidad social como médico y científico, aplicó la vacuna antivariólica en todo el país, con la cual logró inmunizar a decenas de miles de personas.

Además, por sus contribuciones al estudio de la fiebre amarilla y sus actividades de prevención de enfermedades y promover el adelanto de la medicina, se le considera el primer higienista del país en la Cuba colonial.

Luego del triunfo de la Revolución, el ejemplo de Tomás Romay Chacón cobra gran fuerza y cabe destacar que actualmente el Programa Cubano de Inmunización ha tenido extraordinario impacto para el bienestar y felicidad de la población.

Desde 1962 hasta la fecha se han aplicado unos 85 millones de dosis de vacuna antipolio en la ínsula, lo cual ha garantizado la protección de la población menor de 70 años.

En opinión de Lena López, responsable nacional del Programa Nacional de Inmunización, del Ministerio de Salud Pública, anualmente se administran como promedio cuatro millones 800 mil dosis de vacunas, de 12 tipos diferentes, simples y combinadas, dirigidas a la prevención de 13 enfermedades.

Mediante esta estrategia se han eliminado la poliomielitis, el sarampión, la rubeola y las formas graves de tuberculosis, entre otras dolencias, y se ha contribuido a que Cuba exhiba unas de las tasas de mortalidad infantil más bajas del mundo, que el año precedente fue de 4,0 por cada mil nacidos vivos.

Como merecidamente lo calificó el doctor José Nicolás Gutiérrez, otro de los grandes de la medicina de la mayor de las Antillas en elsiglo XIX, “Romay figura entre los hijos de este suelo que han servido con gloria a las ciencias, ilustrando al país y honrando a la humanidad".