El Che sintió siempre gran afición por los deportes. A lo largo de su vida, el Guerrillero Heroico se adentró en los secretos del ajedrez, el fútbol, el tiro, la natación, el golf, el motociclismo, el escalamiento, la pesca, el remo, el salto con garrocha y el tenis de mesa, entre otros.

Fue a su tía paterna, Beatriz Guevara Lynch, a quien le relató su primera hazaña deportiva: “Querida Beatriz la sorpresa es que lla sé nadar justo el día de tu cumpleaños aprendí a nadar recibe besos de Ernestito”. Lo hizo en una carta escrita de su puño y letra el 22 de enero de 1933. Tenía cuatro años de edad.

La natación fue el primer deporte al que se dedicó; su madre había sido una destacada nadadora y lo enseñó como un ejercicio terapéutico para combatir los efectos del asma. Según contó don Ernesto, el padre, en ese tiempo llegó a ser “un excelente jugador de golf”, y se inició en las caminatas y el montañismo, ejercicios que lo ayudarían en los días de la Sierra Maestra.

En Alta Gracia también incursionó en el boxeo y se exigió hasta rendir en el ping pong. El tenis, en cambio, fue en aprendizaje posterior, de cuando la familia se mudó a Córdoba capital y alquiló una casa pegada al Lawn Tennis de la ciudad.

En 1939, Ernestito conoció el ajedrez a partir de su relación con una familia española republicana que había llegado a Argentina huyendo del franquismo. Este aprendizaje no solo arraigó en él la pasión por el Juego Ciencia sino que despertó su interés por la Olimpíada Mundial –entonces Torneo de las Naciones-- que se disputaba ese año en Buenos Aires. Allí nuestro José Raúl Capablanca se distinguía entre los principales contendientes.

Muchas evidencias existen de su paso por las diferentes actividades deportivas. Editó en 1951 Tackle, un tabloide sobre fútbol rugby, con comentarios suyos bajo el seudónimo de Chang Cho. Un año antes la revista El Gráfico había publicado una foto de Ernesto en una bicicleta con motor, y una carta donde relataba que en el segundo semestre de 1949 había realizado una gira de 4 000 kilómetros a través de doce provincias argentinas.

Como se conoce, en diciembre de 1951 el Che comenzó un viaje por Suramérica junto a su amigo Alberto Granados. Las frecuentes roturas de “La Poderosa” (la moto empleada en la expedición) los obligaron a cumplir buena parte de la ruta caminando o “a dedo” “(en botella), y hasta incursionaron en juegos de fútbol. Luego concluyeron su periplo como “remeros”, a bordo de una balsa con el nombre de Mambo-Tango, que les permitió enfrentar las caudalosas aguas del Amazonas.

Luego del triunfo de la Revolución un deporte marcó la vida del Che: el ajedrez. Dos veces ganó los campeonatos del Ministerio de Industrias y ascendió, gracias a sus resultados, a la primera categoría competitiva del Inder. También enfrentó en simultáneas a grandes maestros como los soviéticos Victor Korchnoi y Mijail Tal, al argentino Miguel Najdorf, y se dio el gusto de vencer al maestro nacional cubano Rogelio Ortega.

El encuentro con su compatriota Najdorf, en 1962, fue el segundo duelo entre ambos. Guevara, joven desconocido en 1949, había hecho tablas con él en Mar del Plata y ahora, ya convertido en Comandante, el tope volvió a quedar sin vencedores.

El Che fue el principal impulsor de la práctica del ajedrez en Cuba. Influyó en su masividad y en el éxito de los torneos Capablanca In Memoriam. En reconocimiento a sus méritos, la Federación Cubana de la disciplina ha referido: “No solo fue un constructor de la Primera Revolución Socialista de América sino que, además, su presencia constituyó un aliciente de inocultable valor para el naciente movimiento deportivo cubano”.

* Decano del periodismo deportivo en Cuba, Premio Nacional de Periodismo José Martí en el 2013. Este artículo fue publicado originalmente en el sitio digital Cubahora.