Imagen: Cartel de Alejandro Bonet Piñón/ AdelanteImagen: Cartel de Alejandro Bonet Piñón/ AdelanteCAMAGÜEY.- Hoy no lo llamaré Frank País ni extraordinario luchador clandestino, tampoco escribiré lo que ya muchos saben de este santiaguero.

Simplemente le diré Frank a ese muchacho que no dudó, a pesar de tener apenas 22 años cuando la muerte lo soprendió, en enrolarse en la aventura de la Revolución, destinada solo para superhéroes de verdad.

No se equivocó Francisco, su padre, lo dijo en broma pero quizá presentía lo que afirmaba: “Mi hijo será un gran patriota porque nació el día de la muerte del Titán”. Extrañas coincidencias del caprichoso destino. Este pupilo de Antonio con solo 17 años llegó a la conclusión de que los males de Cuba había que arrancarlos de raíz y no existía otra forma de hacerlo que no fuese la lucha armada, quizá por eso llegó a Fidel, aunque el destino es así de caprichoso.

Sus nombres de guerra también tuvieron mucho que ver con él, primero Salvador, sin dudas estaba salvando a la patria; después se llamó David, una versión biblíca cubana que también supo enfrentar  gigantes, tan o más tenebrosos que Goliat: los esbirros de la tiranía, y los venció, aun después de muerto y es que su valor tenía un sustento real, por eso no creía en torturas, redadas, cacerías.... luchaba por hacer realidad su sueño.

Pocos días antes de morir le preguntaron a qué se iba a dedicar cuando la dictadura estuviera derrotada y sin vacilar respondió que quería pertenecer al Ejército. Asombrados sus amigos le preguntaron ¿al ejército?. Muy pocos entendieron su predicción: Frank se refería al ejército de médicos, maestros, constructores que edificarían la obra por la que él y otros tantos dieron la vida.

Aquellos soldados que lo asesinaron en el Callejón del Muro sabían muy bien lo que hacían, no podían dejarlo con vida, ya era un símbolo. Este David santiaguero los vencería una vez más, al día siguiente de aquel oscuro 30 de julio de 1957, cuando los esbirros de la tiranía nada pudieron hacer contra el mar de pueblo que a pie lo acompañó desde la casa de su novia América Domitro, en la Calle Clarín, hasta el campo santo de Santa Infigenia, muy cerca del Maestro y al lado de Josué, su hermano.

Este penúltimo día del glorioso séptimo mes del año, una vez más Santiago en nombre de de toda Cuba, saldrá desde la Calle Clarín hasta el cementerio. Esta vez, como sucede desde hace 58 años, ya no es solo por Frank, es por todos aquellos que como él no creyeron en edad y se entregaron al altar sagrado de la patria.

David, aquí está tu ejército, el que soñaste, derribando Goliats y construyendo patria, como mismo lo hubieras hecho tú, de no haber sido cobardemente asesinado. No moriste, tu obra trascendió y por ello basta con decirte simplemente Frank.