José Antonio Echeverría Bianchi cumpliría 85 años el este 16 de julio. El destacado combatiente revolucionario, alma del Directorio Estudiantil Universitario, comprometido hasta la médula con la lucha dirigida en la Sierra Maestra por Fidel Castro en el momento de su caída en combate, había nacido en Cárdenas en 1932.

Es muy difícil imaginarlo con edad provecta, no solo por lo inequívoco de su muerte real a la temprana edad de 24 años.

También porque su existencia breve y llena de fulgores fue expresión consecuente de la energía, rebeldía y vitalidad incansable que define a la juventud en todos los tiempos, desde que el mundo es mundo. Y esas cualidades, muchas de ellas inspiradas en su ejemplo, se irradian en las generaciones de jóvenes cubanos de hoy.

En los años de 1954 a 1957, ya estudiante de arquitectura en la Universidad de La Habana, José Antonio, apodado con cariño Manzanita, por el color sonrosado de su tez, fue presidente de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) , fundador del Directorio Revolucionario y uno de los principales líderes opositores a la dictadura de Fulgencio Batista.

Viajó a territorio azteca en 1956 donde el joven abogado Fidel Castro, en el exilio, preparaba la expedición que lo traería de vuelta a luchar por la libertad definitiva de la Patria. Allí firmó con él la llamada Carta de México, que uniría a la FEU y al Movimiento 26 de Julio en tan decisivo combate, cada uno en escenarios diferentes, pero igualmente arriesgados y desafiantes de peligros.

Al regresar a Cuba, ya ocurrido el desembarco en diciembre de 1956, desde comienzos de 1957 Echeverría se dedica a organizar la acción que se ejecutaría el 13 de marzo de ese año.

Se trataba del asalto al Palacio presidencial, con el fin de ajusticiar al dictador Batista, con miles de crímenes impunes y una fuerte represión popular sobre su conciencia. La acción también incluía la toma de la emisora noticiosa nacional Radio Reloj, para anunciar los resultados de la acción y la creación de una suerte de estado mayor de combate revolucionario en la colina de la Universidad de la Habana, desde donde se pensaba entregar armas al pueblo dispuesto a combatir.

Esto respaldaría la lucha iniciada en las montañas de la Sierra Maestra y aceleraría la caída del oprobioso régimen, responsable de una gran injusticia social y grandes desigualdades dentro del pueblo cubano.

Pero factores de orden táctico y estratégico fallaron. El ataque a Palacio no resultó exitoso, el sátrapa escapó con vida y los valientes y osados revolucionarios encabezados por José Antonio fueron perseguidos. El cayó, ametrallado en la calle muy cerca de la Universidad, hacia donde se dirigía, luego de salir de Radio Reloj.

José Antonio fue el primer hijo del matrimonio formado por Antonio Jesús Echeverría González y Concepción Bianchi. Eran tres hermanos. Aunque padecía de asma, llevó una vida normal y practicó disciplinas como remo, natación y baloncesto.

Siempre obtuvo muy buenas calificaciones y era un estudiante con un alto diapasón de intereses que incluían el gusto por disciplinas artísticas: pintura, música, teatro, danza y las deportivas. A pesar de su sobrepeso, luchó contra ese inconveniente y a fuerza de disciplina y tesón alcanzó buenos resultados atléticos. También era amante de la filatelia.

En 1950 hizo su entrada en la Escuela de Arquitectura en la colina universitaria.

Desde su arribo a la Casa de Altos Estudios su accionar se hizo sentir. Fue elegido delegado de asignaturas y de curso. Organizó el Grupo Arquitectónico de Renovación Estudiantil (GARE), que reunió a los elementos más radicales. Logró luego la presidencia de la asociación de estudiantes en esa facultad. Echeverría resultó también elegido secretario general, vicepresidente y presidente de la Asociación de Alumnos de Arquitectura, hasta alcanzar, posteriormente, la presidencia de la FEU.

Al conocer el golpe de Estado perpetrado el 10 de marzo de 1952 regresa inmediatamente a La Habana y se suma a las protestas estudiantiles por el cuartelazo.

A partir de entonces se radicaliza más su posición revolucionaria y combativa. La dirección de la FEU le encomienda organizar la huelga estudiantil en los planteles de enseñanza secundaria, y para ello viaja por todo el país. Su misión surte efecto. La dictadura allana los colegios y detiene a los dirigentes para acabar con la huelga.

Todo el historial de acciones revolucionarias y aportes a la causa de la libertad de la Patria, convertiría estas líneas en un listado interminable de hechos y sucesos relevantes, que hablan mucho de su raigal compromiso y su conciencia de que en sus acciones podría triunfar o morir.

Si esto último ocurría, como sucedió el fatídico 13 de marzo de1957, sabía que su desaparición física señalaría el camino de la libertad.

Y así fue. Su bandera ha sido recogida con honor por los jóvenes de hoy.