Camagüey.- Este 10 de diciembre, es una fecha de recuerdos para los trabajadores del hospital pediátrico Eduardo Agramonte Piña. Hace exactamente 35 años, el Comandante en Jefe Fidel Castro visitaba esa institución para comprobar, sobre el terreno, la marcha de las obras en ejecución de la sala de terapia intensiva que nacería para atender con excelencia a niños con extrema gravedad.

El día anterior, el Líder Histórico de la Revolución clausuraba en el teatro “Alkázar” el Quinto Congreso del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Salud, fecha memorable porque fue en ese escenario en el cual llamó a convertir a Cuba en una potencia médica mundial.

Cuando las manecillas del reloj marcaban la 1:55 p.m., el auto en que viajaba Fidel entró en una espaciosa área donde se divisaba a los constructores, en plena faena, dispuestos a terminar, en el plazo más corto posible, la inversión calculada a un costo de 800 000 pesos entre la parte civil y equipamientos.

Como era su costumbre dialogó con médicos, enfermeras y con obreros que edificaban esta humanitaria obra y no olvido que, en su discurso en el resumen del Congreso del Sindicato de la Salud, refiriéndose a la dolorosa epidemia de dengue que provocó muertes, la mayoría de niños, dijo que aquel revés había que convertirlo en una victoria.

“…se empezó a trabajar por los días del dengue, y en cuestión de meses se han ido creando salas de terapia intensiva en todo el país y están terminadas ya o se está trabajando en 27 salas de terapia intensiva. Todos los pediátricos del país prácticamente ya tienen o están construyendo su sala de terapia intensiva, y ya tienen o están por recibir los más modernos equipos para dichas salas en los hospitales pediátricos.

“Pero si en Camagüey no hay una sala de terapia intensiva, nunca tendremos médicos intensivistas en Camagüey, y nunca tendremos enfermeros y técnicos intensivistas en Camagüey, porque cómo van a aprender; si Santiago no lo tiene, si Granma no lo tiene, si el otro no lo tiene, no se forma nunca a ese personal.

“Hay que plantear la tarea, y se les dijo a todos los pediátricos: a preparar el personal, van a tener las salas y los equipos. Entonces, ahí podemos decir que cientos de personas en todo el país van a adquirir esos conocimientos. Eso tiene mucha importancia, porque eso pasa con cualquier otra rama y con cualquier otra técnica de la medicina. Es decir que los pediátricos van a tener un notable avance con estas 27 salas de terapia intensiva”.

Y en Camagüey, en pocas semanas estuvo lista la sala de terapia intensiva, un soporte importante para garantizar la supervivencia de niños afectados con afecciones graves.

De aquella visita, inesperada para muchos, se reafirmó la voluntad de Fidel por la salud humana, y estoy seguro de que la recordarán como aquel día muchas personas, como la nefróloga Rebeca Escobar, quien fungía como secretaria del Partido en el hospital; la enfermera Aleida Corrales, otras muchas; Lázaro Vázquez, primer secretario del Partido Comunista de Cuba en Camagüey y Manuel Chaos Piedra, miembro del Buró Provincial de la organización política.

Los trabajadores del “Eduardo Agramonte Piña”, congregados frente al edificio en construcción, tributaron una calurosa despedida al Jefe de la Revolución, gesto también advertido en cientos de personas, situadas espontáneamente en las áreas exteriores del hospital.

En su estancia, Fidel visitó además los terrenos donde se construía la fábrica de cerveza Tínima, con  un valor superior a los treinta millones de pesos, inaugurada por él cuatro años después, el 23 de diciembre de 1985, y la Planta Mecánica, hoy una joya de la industria.