CAMAGÜEY.- Le falta aún música a nuestras calles. Después de la tormenta no vino la calma. La tormenta es tormento de pueblo, que no atina todavía al jolgorio cotidiano. No se nos puede culpar a los cubanos por estos días a estar menos bullangueros. Fidel ha alejado su barba de nuestras manos, su mirada de nuestros ojos, sus botas de nuestras calles y guardarrayas.

Ha pasado el cortejo fúnebre por toda Cuba tumbando más lágrimas que un ciclón. Los hombres trancamos la mandíbula para contener los párpados; las mujeres lloraron viriles y hondas; los niños asombraron con preguntas tan duras como ingenuas, con frases tan profundas, con cariños tan bellos; los ancianos tienen un apagón de pupilas.

Doliste, Fidel. Dueles. Fuiste tal gozo para tantos que tu ida dejó a muchos con regresos fáciles a la tristeza. ¡Qué pesadas pusiste las horas!

Pero de la pena la gente sacó vigor. Hay más convicción desde el paso fugaz de aquella caja de cedro. ¡Qué contraste, Fidel, que tanta grandeza cupiera en una cajita! Y es que a los tocados como tú por el talento y el coraje la muerte no les es desafío para seguir enseñando. Todos repasamos contigo a Martí. Todos sentimos observando el UAZ que “toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz”.

Y no habrán parques con tu nombre, ni calles, ni estatuas... Cuando se cala hondo en el pecho de un pueblo no hacen falta oropeles para recordar la savia y seguir lo sabio.

Los hombres trancaremos la mandíbula para enfrentar las trompadas que guarde el futuro; las mujeres seguirán viriles y hondas capaces de llorar sin miedo y sin penas, capaces de cantar una patria nueva; los niños que nos asombraron tendrán frases más vehementes y querrán más y mejor gracias a ti; los ancianos se nos habrán ido, pero sus pupilas apagadas nos seguirán alumbrando el camino, como lo hiciste tú.

Pasó la caravana. Pasó Fidel. Pasó el luto. Dentro de unos días mi vecino volverá a poner el mariachi cada fin de semana y los bicitaxis atormentarán las calles con reguetones, por ahora la gente sigue sin música. Porque no pasa el convoy que te sigue, no pasa la alegría que es tu Revolución, no pasas Fidel, te quedas.