Foto: Carmen Luisa Hernández Loredo/AdelanteFoto: Carmen Luisa Hernández Loredo/AdelanteCAMAGÜEY.- “Serás periodista” y la afirmación se hizo certeza cinco años después. Se es periodista a tiempo completo. Entonces, cuando llegan días grises como estos en los que tienes que recibir en el tránsito hacia la gloria definitiva a tu hombre (y lo digo con la seguridad de que a lo largo de 58 ha sido el hombre de muchas niñas, como cantó Carilda), quieres desmembrar tu ser, para hacer periodismo y para sentir con entrañas de nación.

Por eso cuando tienes que dejar la plaza y volver a la redacción sabes que haces bien, pero sabes también que dejas tu corazón detrás. Sobre todo cuando te repites una y otra vez una escena: mientras se coreaba “yo soy Fidel” hay un niño que acompaña la sinfonía, y al terminar grita bien fuerte "yo quiero ser Fidel", si eso no es amor, entonces, yo no sé....

Así que cuando el cierre de la edición especial del periódico da un respiro, sabes que tienes que hacerle caso al cuerpo y volver donde está tu corazón. Entonces, una vez más, sucede la maravilla…

Al calor de tres velas tus amigos, periodistas también que no pudieron desmembrarse hasta terminar su labor, hacen historias, y hablan de Fidel, en presente, como debe ser, con risas, como debe ser, con fuerza, como debe ser.

Alrededor sigues viendo los mismos rostros que dejaste tres horas atrás. No importa que ya sean las 3:00 a.m., todos siguen en la plaza, en círculos, caminando, bajo sombrillas pegados a la fuente, cerca del Fidel luz que nos alumbra, pegados a Agramonte para sentir al Fidel cuerpo más dentro, seguros de que ese es su lugar en el mundo, el único donde este amanecer los debe sorprender.

Foto: Orlando Seguí Aguilar/AdelanteFoto: Orlando Seguí Aguilar/Adelante

Por eso sabes que tu hombre no se equivocó a los 27 cuando asaltó el Moncada, ni a los 36 cuando hizo de Girón la gran derrota del imperialismo, ni siquiera a los 89 cuando le dijo a Maduro y a Evo que había cumplido su misión.

Yo lo sé, yo lo entendí en la plaza. Lo vi en los rostros de todos los que estábamos: hay sucesión, hay vanguardia para seguir levantando banderas. Entonces recordé la afirmación, y me hizo feliz ser periodista: yo contaré las proezas de los nuevos Fidel de 27, de 36…. de siempre.