Roberto Luis. Fotos: Lisyén Halles Ravelo/Adelante Roberto Luis. Fotos: Lisyén Halles Ravelo/Adelante CAMAGÜEY.- Roberto Luis solo sabe de Fidel lo que aprende en la escuela por estos días, y lo que sus padres han podido inyectarle. Parece que ha sido suficiente. Roberto Luis tiene cinco años pero le pinta corazones que son besos y muchas flores en un lienzo sublime. Espera. Lo mira como evaluando con sospecha su creación. Asiente. Lo eleva. Justo como el globo de otro pequeño. Juan Carlos ya escribe, y le redactó una carta al Comandante para que vuele alto en un globo. Porque cuando llegue al cielo, allí, en ese sitio suave, él la leerá.

Elina Basulto SuárezElina Basulto Suárez

Hay extrañas maneras de escribir la historia. Algunas veces por pura dicha; otras, por absoluto desgarre. Así se sintió Elina Basulto Suárez, quien acudió este primero de diciembre a la misma coordenada desde la que vibró el cuatro de enero de 1959. En aquel entonces, como ahora, fue a su cita con Fidel. “Por él lo tengo todo, por él seguiremos guerreando”.

 

 

 Lucy Fundora Rojas Lucy Fundora Rojas A Lucy Fundora Rojas el corazón se le mudó de rincón. En la frente se lo puso, en rojo, como sangrando; bien alto y claro, porque encubrir su dolor nunca fue la intención. “Allí, porque es la mejor manera de que siga viendo nuestro amor”.

 

 

 

 

 Lázaro Emilio Zayas Adán Lázaro Emilio Zayas Adán

“¿Qué me motiva? Fidel es mi papá.” No era entonces simple coincidencia. El reverso de su pullover fue la primera declaración de Lázaro Emilio Zayas Adán a Adelante.cu. Super papá gritaba a viva voz. Escuchamos. En la nobleza del recibimiento que lo puso cerca suyo en el año 1989, cuando regresara de su misión en Angola, Lázaro halla los motivos de este ADN que se lo empozó para siempre.

 

 

Caridad Blanco García Caridad Blanco García No es de ahora que lo profesa. Cuenta que desde niña lo lleva en los poros, y en las células, y a la izquierda del pecho –como señaló--. Justo así se veneran los alientos, las esperanzas, las certezas; y para Caridad Blanco García solo existe una fe posible: Fidel. Ni pese a la espera, y la llovizna, y el hijo que aguardaba en una cama de hospital, Caridad desistió. “Fidel es más grande que Cuba”. Quizás por esa dimensión es que su cartel nunca descendió. “Las manos no se me cansan, y el corazón tampoco”.