FLORIDA,CAMAGÜEY.- Rosa Campos resume, en lengua de señas, el sentir de los miles de floridanos en el momento en que la caravana que traslada a las cenizas del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz a Santiago de Cuba transita por este occidental municipio camagüeyano.

“No hay lenguaje que pueda explicar el dolor que siente el pueblo en este momento. El pecho se me ha apretado tanto que pensé que iba a explotar.

“Fidel nunca se irá, no vinimos a despedirnos, vinimos a saludarle una vez más y decirle que ahora nos toca a nosotros continuar”, escucho gracias a la traductora que la acompaña.

Muy cerca de ella, Emilio Sánchez mueve la cabeza de un lado a otro con gestos nerviosos. Su condición de ciego total no le ha impedido sentir este instante.

“Yo he vivido el momento con profundo amor. A diferencia de todos, yo he visto a Fidel encabezando la caravana con el fusil al hombro, saludando en silencio a su gente; lo he visto con el corazón”

“La piel erizada, un cosquilleo intenso en el estómago, incontrolables ganas de llorar y la necesidad intensa de gritar por él”, así describe la joven Kenia Gálvez esos eternos segundos en que vio el féretro de cedro abrazado con la bandera de la estrella solidaria.

Desde el crucero de Caonao al oeste hasta el caserío de San Blás al este, el pueblo de Florida esperó por más de 5 horas a ambos lados de la carretera el paso victorioso del líder de la Revolución Cubana.

Esta vez la guardarraya se vistió de pionero, de mujer trabajadora, de campesino, de obrero, de gente libre que otra vez salió a respaldar al guerrillero del tiempo, ese que puso en manos del pueblo, los destinos del país. Por eso las lágrimas se convierten en compromiso, en el juramento de continuar su noble y digna obra.

Florida no se despidió de Fidel, le gritó: ¡Hasta la victoria siempre, Comandante!

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