JIMAGUAYÚ, CAMAGÜEY.- La fila de gente callada, desconsolada, creció y serpenteó frente a la explanada de la Dirección Municipal de Educación en Jimaguayú, lejos de la entrada del estrecho pasillo que se abrió de pronto al final en ancho salón de imponente respeto está la imagen del estratega guerrillero rebelde, Fidel. Desde el cuadro emergía en  toda su grandeza con el fusil de mirilla telescópica al hombro, la mochila verde olivo a la espalda y  la mirada aguzada fija en las estribaciones de la Sierra Maestra.

Un hombre abandona la silla de ruedas y se adentra en el recinto devenido solemne escenario con la ayuda solidaria de un joven; trata de coordinar los pasos inseguros de sus piernas casi inertes y a fuerza de voluntad logra derramar sus sentimientos ante la efigie querida, luego continúa el zigzagueante andar hasta el vehículo.

Ramiro Rodríguez Oduardo era un  ágil ordeñador de vacas en Purialito  en el pastoreo 4-9  y  después operador de tractor hasta que una grave enfermedad le afectó la médula vertebral. “ No es para mí ningún esfuerzo; le debo mi vida a Fidel y   es un deber para cualquier cubano con un poquito de dignidad, rendirle homenaje al Comandante en Jefe, ofrecerle respeto y recordación que merecerá toda la vida, por todo lo que ha hecho por el pueblo cubano “ .

Alexander López Álvarez también está allí. ¿Cómo podremos honrar a Fidel?, le preguntamos, y responde de un modo en que aplaudiría Fidel, enumerando misiones: “Todos los días con el cumplimiento del trabajo, contribuyendo a la formación de las presentes y futuras generaciones y haciendo realidad su concepto de Revolución.

"Jimaguayú tiene el compromiso de elevar no solo la producción sobre los 11 millones de litros de leche a la industria, sino  los niveles de los alimentos agropecuarios, y extender los cultivos varios y la crianza de animales en todo el territorio".

LA ESPERANZA DEL MUNDO DE MARTÍ Y FIDEL

En el centro escolar Tamara Bunke de la comunidad cabecera han estado frías estas mañanas de noviembre; tampoco se siente la algarabía de siempre aunque han asistido a clases todos alumnos de las enseñanzas primaria y secundaria. Ninguna maestra llama al silencio, no es necesario, el recogimiento surge espontáneo y se hace más denso cuando las personitas cruzan por delante de la florida foto del invicto rebelde de la Sierra Maestra. En esa escuela funcionó  un espacio sagrado para que el pueblo firmara el juramento de cumplir el concepto de Revolución que Fidel anunció aquel primero de mayo del año 2000.

Rostros consternados de distintas generaciones depositaron flores y suscribieron deberes de proseguir la obra del líder de la Revolución.

El pionerito de séptimo grado Ernesto Alejandro Valdivia Carrazana, estampó  su firma, y cuando le pregunté  por qué, respondió: “Quisiera algún día parecerme a Fidel, el luchó por nosotros y nos regaló escuelas…hoy nos toca estudiar y sacar buenas notas por él y la Patria “.

La niña, Lisneidys Santinié Cabrera, también cursa el séptimo grado: Le gustan las clases de educación cívica y dice de Fidel: “Tenemos que recordarlo todos los días y estudiar como él siempre quiso. Yo quiero estudiar medicina para curar a los humildes que lo necesiten".

Arianna Hernández Martínez, está en noveno grado en la “Tamara Bunke”. “Firmé mi compromiso con Fidel para continuar su obra y me comprometí a estudiar cada vez más  para ser cada día mejor, porque la Revolución necesita de nosotros como él nos enseñó”.